domingo, 2 de agosto de 2015

La voluntad de las cosas

Mi sobrina Nadia (tres años y once meses) tiene una respuesta para todo. Estaba rompiendo una revista Bohemia y la regaño:
—Nadia, ¿por qué rompes la revista?
—La revista quiere que yo la rompa.
Se sube arriba de la mesa y la regaño:
—Nadia, ¡bájate de ahí!
—La mesa necesita que yo me suba arriba de ella.
Me cansé.
—Escucha bien: la mesa y la revista son objetos. Ni quieren ni necesitan nada. ¡Así que ya sabes!
Le hago el cuento a Lester y me suelta: "Le estás rompiendo las ilusiones a la niña".
Está visto, educar es una tarea difícil...

domingo, 19 de julio de 2015

Mango con cucharita

Vi una niña comiéndose una tajada de mango con una cucharita. La mamá le decía: "¡Cuidado con ensuciarte!" Y la niña, modosa, apenas tocaba el mango con los labios. Me pareció gracioso, pero, francamente, no creo que esa sea la manera más plena de comerse un mango. Cuando era niño —y ahora mismo— yo comía embarrándome. Metiendo la boca sin remilgos en la pulpa, de manera que el néctar saliera por la comisuras y manchara la camisa. El mango tiene que ser una de las más sensuales frutas de la creación. Y en cuestiones de frutas —como en otras cuestiones— el que no se embarra, goza menos. Digo yo.

jueves, 16 de julio de 2015

¿Qué se le puede prohibir a un comunista?

Alguien entró a mi blog de fotografías, vio lo que vio, y se escandalizó. Me deja un mensaje privado en mi sitio: "Lo leo en BBC Mundo y ahí supe que era militante del Partido. Ahora veo estas fotos y no sé qué pensar. ¿Desde cuándo los comunistas hacen fotos de hombres desnudos? ¿Como es que en el Partido se lo permiten? ¿Por qué pone en entredicho la moral del Partido?". La verdad es que no voy a contestar esas preguntas...

domingo, 12 de julio de 2015

Gallo

Un gallo cantó por la madrugada y yo estaba soñando que era otra vez un niño, acurrucado bajo la colcha en el cuarto de mis abuelos.
—¡Abuelita, la leche! —casi grité.
El gallo siguió cantando, terminó por despertarme del todo, y me hizo comprender que no era un gallo de campo, como los de mi abuelo, sino uno de ciudad, que camina en el asfalto y esquiva automóviles. A veces me despierto muy triste...

martes, 7 de julio de 2015

¡Tú eres el cronista!

No los voy a engañar, pensé no volver a actualizar este blog. Pero hoy, en el Parque de la Fraternidad, un señor desconocido me señaló con el dedo: "¡Tú eres el cronista! ¿Por qué no sigues escribiendo tus croniquillas?" Me tomó de sorpresa. Dije sin pensar:
—Las escribo ahora más largas, en mi columna de OnCuba.
—Yo no soporto leer crónicas largas. Yo prefiero las corticas. Así que, por favor, vuelve a publicarlas en tu blog.
Y aquí estoy, otra vez...