domingo, 17 de abril de 2016

Lecturas en el tocador

Heredé mi padre una costumbre que a veces sacaba de quicio a mi madre: leer en el inodoro. Ya sé que a algunos les parecerá escatológico el tema de esta croniquilla, pero yo les aseguro que hay pocos lugares tan apacibles para leer algunas páginas de un libro o el periódico del día. Siempre y cuando no tengas problemas de digestión, por supuesto. Ahora recuerdo que ahí leí el final de una novela que me apasionó desde la primera página: Ana Karenina. Tan honda impresión me causó que estuve allí una hora. Por suerte, mi madre no estaba en casa.