miércoles, 25 de marzo de 2015

La terrible belleza

La foto tiene vuelo, una vocación estética indudable. El hombre parece que duerme, pero está muerto. El agujero, el cristal quebrado en tan plástica filigrana, dan fe. La foto tiene ángel, pero asusta. Es testimonio —otro— de la violencia que desangra a México. La hizo el fotógrafo Rafael Durán, para el diario Reforma. Ahora mismo hay un debate sobre la conveniencia y la eticidad de publicar este tipo de fotografía. Pero esta fotografía, a su modo, es bella. A su terrible modo.

Castas

Veo un fotorreportaje en BBC Mundo sobre los limpiadores de letrinas en la India. Son personas pertenecientes a las castas más bajas, que son prácticamente obligados a desempeñar esa tarea, sin tener siquiera el derecho de una retribución monetaria. Son millones de personas marcadas desde su nacimiento, en atención a una tradición estúpida, degradante, inhumana. Los intocables. Cuesta pensar que en pleno siglo XXI se mantengan estas prácticas. Y que haya personas que las defiendan desde pretendidos postulados religiosos. El sistema de castas de la India es tan cruento y deplorable como el apartheid sudafricano, del que afortunamente la humanidad se libró hace décadas. Y sin embargo, se habla tan poco...

miércoles, 11 de marzo de 2015

A cada quién según su trabajo

Fuimos a Las Ruinas, un cabaret de moda en Matanzas. Era viernes, día de show de transformistas. La anfitriona de la noche dejaba mucho que desear. "¡Qué chea es esta mujer! ¡Qué fea! ¡Qué mal lo hace!" —se escandalizó, en medio de su diversión, mi amigo A. Pero al resto del público le parecía maravillosa, a juzgar por la cantidad de dinero (CUC, se entiende) que le ponían en el escote. A. decidió hacer justicia: "A cada quién según su aporte, como dice la moral socialista". Tomó un billete de un peso (CUP, se entiende) y se lo metió en la blusa. La artista, que no vio la denominación, hasta lo besó emocionada. Después estuvimos horas completas riéndonos como unos bobos, imaginando la cara del transformista cuando descubriera el billetico en la intimidad de su camerino...

lunes, 2 de marzo de 2015

Y no me perdonó nunca

Acabo de enterarme en Facebook que José Luis Moreno del Toro —cirujano y poeta— ha muerto. Busqué confirmación en los medios de comunicación, pero no la encontré. Pero confío en la persona que lo dijo. Cuando yo era un joven periodista me llevaba muy bien con Moreno del Toro. Hablábamos largamente de literatura, de periodismo y de mil temas más. Me sirvieron mucho sus consejos. Pero un día tuve que hacer la reseña de un conversatorio en el que participó. Y, por supuesto, incluí su intervención. Pero mis editores en el periódico, en el afán de reducir el texto, desestimaron ese fragmento. Moreno del Toro me llamó muy molesto: "No entiendo por qué has decidido ignorarme. Eso me ha dolido mucho". Me disculpé, le aseguré que no había sido mi culpa. Pero no me creyó. Desde entonces me retiró su amistad. Cuando nos veíamos, apenas me inclinaba la cabeza. Nunca más me dirigió la palabra. Una vez leí un poema de Moreno del Toro y me gustó y me dije: cuando lo vuelva a ver se lo voy a recitar, a ver si hacemos por fin las paces. Pero nunca más lo vi frente a frente. Y con el tiempo, se me olvidaron los versos...

martes, 24 de febrero de 2015

Moraleja y petición

Dicen que Celestina Galli-Marie, la cantante que estrenó la ópera Carmen, vio el rostro de Georges Bizet en la baraja de la muerte, durante la célebre escena del tarot. Tanta fue la impresión, que se desvaneció al abandonar el escenario. Esa madrugada —dicen— murió Bizet. Algunos sugirieron que se había suicidado, por el relativo fracaso de la primera representación de su ópera mayor. En realidad murió de una complicación cardíaca. Cosas de la vida, los mismos críticos que habían escrito horrores de la obra, un día después del funeral decidieron que su autor era un genio. Una moraleja: no hay que tomarse tan a pecho una mala crítica. Una petición: si alguien ve mi muerte en una baraja, que se abstenga de comentármelo.

En la imagen, Galli-Marie y Bizet.