jueves, 17 de abril de 2014

Gabriel García Márquez, para siempre

En Macondo desdibujado por la lluvia, en las selvas frondosas, en la costa zigzagueante del Caribe, en el interior de una iglesia decimonónica, en una fiesta de barrio, en la placidez o la sacudida de un gran río, en todas las hamacas de este continente, en la cocina cálida de una hacienda, en las sombras de las palmeras, en los bloques de hielo en medio del trópico, en la merienda suculenta de las tardes, en las oficinas de generales y presidentes, en la revista de domingo, en el portalón al atardecer, en el dormitorio de la doncella, en los jardines pletóricos de rocío, en el gran pastizal donde pacen las vacas, en la trinchera abandonada, en el tráfico loco de las cinco, en la librería de ciudad y en la librería de pueblo, en la catarata rugiente, en el racimo de plátanos, en el maletín del periodista estarás por siempre, Gabriel García Márquez.

Sobre la utopía

Leo en Juventud Rebelde un interesante ensayo de Ricardo Ronquillo Bello (Socialismo cubano: la tercera resurrección, en Juventud Rebelde No.150, miércoles 16 de abril, 2014). En los finales del texto contrapone dos muy atendibles opiniones sobre la utopía. De un lado, el celebérrimo Vargas Llosa, que dice: “La sociedad perfecta no existe ni va a existir, básicamente porque es imposible que la idea de la sociedad perfecta coincida en dos seres humanos”. Del otro, el no menos célebre Eduardo Galeano: “…la utopía está en el horizonte: Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para avanzar”. Me parece que los dos tienen razón. Pero este humilde cronista está en el bando de Galeano. Muy descorazonador sería no confiar en la viabilidad de algunos sueños.

martes, 15 de abril de 2014

Todos contra Víctor

Un buen amigo, conocido cronista deportivo de un periódico de circulación nacional, me dijo ahorita que las autoridades eclesiásticas le han abierto un expediente a Víctor Mesa, el célebre director del equipo de Matanzas. “Han descubierto que es la personificación del diablo, el Apocalipsis está cercano”. Era una broma, obviamente. Iba a decirle que a mí Víctor Mesa no me cae tan mal, pero recordé enseguida algunas de sus más recientes perlas y opté por el silencio. Leo en Facebook una declaración singular: “Todos los industrialistas somos ahora pinareños”. Singular porque está hablando del equipo que dejó fuera a los industrialistas de la final. Pero la lógica es simple: contra Matanzas cualquiera. O más exactamente: contra Víctor Mesa cualquiera. Pues yo diré algo: si Matanzas gana, bien que se lo merece. Y que se moleste mi amigo.

lunes, 14 de abril de 2014

Annia Linares: Vendré

Annia Linares, o alguien que dice ser Annia Linares (en estos tiempos de suplantación de identidades uno nunca sabe) le ha preguntado a sus seguidores en Facebook si debe o no debe venir a cantar a Cuba. La han invitado a cantar un fin de semana en Karl Marx —dice—, pero si acepta, no lo hará en un teatro, pues el gobierno se cogerá el dinero. Los consejos de sus seguidores cubren un amplio espectro de opiniones. Unos le dicen que venga, otros que no se atreva y algunos le recuerdan antiguas declaraciones. Annia no se ha pronunciado en definitiva. Si me preguntara a mí (qué divertida ocurrencia: Annia Linares preguntándome a mí) yo le diría: ¡Annia, ven! ¡Reencuéntrate con tu público! ¡Canta donde te dé la gana! La verdad es que más que ver a la antigua estrella, me seduce la deliciosa crónica que pudiera escribir sobre ese acontecimiento.

domingo, 13 de abril de 2014

El mar y la nada

Lo dije alguna vez: quiero morir muy anciano, pero sin grandes achaques, tranquilo, tumbado en un sillón plegable, escuchando el segundo movimiento del concierto para violín de Brahms. Morir como si me durmiera. Morir dejándolo todo en orden (que es lo mismo que vivir teniéndolo todo en orden), sin deudas, sin lujos, sin grandes privaciones. Morir sin dolor, morir sin saber que estoy muriendo. Sobre todo, quiero morir frente al mar. Arrullado por el sonido del oleaje. El viento salobre sobre mi rostro. El olor a playa limpia. A lo lejos el barullo de los niños jugando en la orilla. El sol perlando el agua. Gaviotas volando... Quiero desvanecerme poco a poco, ir perdiendo la noción de todo, como si el sueño me venciera, sin oponer resistencia. Eso, que la muerte sea como el sueño profundo, sin reminiscencias, olvido absoluto. Imperio de la nada.

jueves, 10 de abril de 2014

Leche

Leo lo de la subida de los precios de la leche y me deprimo. Me deprimo por varias razones: primero porque compro esa leche; segundo porque pienso en los muchos que hacen sacrificios para comprar esa leche; tercero porque pienso en los muchos que no podían comprar esa leche antes del aumento ni haciendo sacrificios; cuarto porque bastante cara ya resulta esa leche, ya sabemos que los precios internacionales suben sin parar, pero el recargo que le ponen a esa leche en el comercio minorista es bastante elevado (esperemos por lo menos que no tengan que subir los precios de la que le dan a los niños por la libreta); quinto (y esto me deprime especialmente) porque tengamos que comprar la leche afuera, en un país que bien pudiera producir buena parte de la leche que consume. Y mientras tanto, las vacas muriendo de hambre y sed en Villa Clara.

martes, 8 de abril de 2014

Choferes y peluches

Qué manera de gustarles los peluches a algunos choferes de camiones y guaguas, les gustan más que a las niñas juguetonas, las niñas se cansan enseguida de sus peluches, de sus muñecas, de sus animalitos de goma, pero los choferes de camiones y guaguas no se cansan nunca, llenan la cabina de muñecones y muñequitos de todos los colores, osos, perritos, gaticos enganchados en los espejos, pendiendo del techo, colgando en las ventanas, hasta muñecas Lily he visto en esas cabinas, rodeadas de luces y pompones, un amigo me decía que mientras más “cheo” y viril es el chofer, más muñecos cuelga, el colmo sería que la cantidad de peluches en un camión o en una guagua fuera ahora índice de “hombría”, no me extrañaría que uno de esos choferes regañara a su hijo si lo viera jugando con muñecas, las muñecas solo en la guagua, ¿entendiste?