miércoles, 29 de abril de 2009

País que danza


El célebre Jean-Georges Noverre, en recordación de cuyo nacimiento se celebra cada 29 de abril el día internacional de la danza, nunca estuvo en Cuba, pero el espíritu del arte al que consagró su vida encontró en la Isla ambiente propicio, alimento y cuna. El cubano es un pueblo que danza, se ha dicho muchas veces. Es danza la manera cadenciosa de caminar, la musicalidad del gesto, el acento alto que se ha hecho rutina. En una idiosincrasia tan marcada por lo sensual, por la expresividad y el ritmo, la danza ha devenido elemento natural. Mucho antes de que cuajara el ajiaco enjundioso de nuestra nacionalidad, la pasión por el baile y la música fusionó en la cultura de la Isla dos herencias: la española y la africana. La danza fue puente. El danzante resumía, muchas veces sin saberlo, las esencias de una manera de ser y sentir, iba dándole forma definitiva a la gestualidad de un pueblo. En el día internacional de la danza, felicitémonos.

Alicia Alonso, figura cimera de la danza en Cuba.

Casa: medio siglo


La Casa de las Américas, o simplemente, la Casa, ha cumplido cincuenta años de existencia. La Casa es más que el lugar, el armonioso edificio de líneas art decó… La Casa ha sido siempre un hogar, literal y simbólicamente hablando. Allí recalaron, en los años duros de las dictaduras militares, algunos de los más grandes escritores y artistas de América. Desde allí fueron lanzados al mundo algunas de las obras hoy consideradas clásicos de la cultura de un continente. La Casa fue (es) plataforma, tribuna, voz. Se erige ella misma en testimonio de varias generaciones de creadores. Los grandes momentos que ha acogido en su hermosa sede, la estela que ha dejado en toda la región trascienden lo meramente artístico: la Casa ha asumido la cultura en su más amplio concepto. Haydée Santamaría, su primera directora, fue en buena medida responsable de ese aire mítico, de esa entereza con que cursa los años. El espíritu de Haydée se sigue respirando. La casa está viva.

Casa de las Américas. La Habana.

lunes, 27 de abril de 2009

Galeano y su bestseller


Ahora resulta que el ensayo Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano, es un bestseller, por obra y gracia del empujón mediático que recibió cuando al presidente de Venezuela se lo regaló al de los Estados Unidos, cámaras por delante. Que Obama se lo lea o no, no importa demasiado (un libro no suele cambiar el rumbo de los acontecimientos mundiales). Mucho más relevante es el revuelo, porque llama la atención sobre una obra vigente en sus esencias, contundente, amena y enjundiosa... Un clásico. No está de más que, aunque solo sea por curiosidad, miles de personas se adentren en esas páginas meridianas.
Ni corta ni perezosa, cierta intelectualidad de derechas se ha lanzado a despotricar, porque consideran que el libro ha sido superado por la historia. Pretender que un ensayo escrito hace casi cuarenta años mantenga la frescura del primer día es asumir que el ensayista tiene que ser un augur. Lo que más les duele, en realidad, es el enfoque: se trata de una obra comprometida y militante. Lo que no pueden negar es lo que el libro proclama a todas voces: buena parte de la historia de este continente ha sido la del saqueo de las grandes potencias imperiales, y la de la resistencia de los pueblos. Eduardo Galeano, lo ha dicho muchas veces, no se arrepiente de haberlo escrito. Sus nuevos lectores, muy probablemente, no se arrepentirán de haberlo leído, independientemente de sus credos políticos. De cualquier forma, Las venas… es también un libro muy entretenido.

Eduardo Galeano, escritor uruguayo.

jueves, 23 de abril de 2009

Don Quijote, Cervantes, Juan Marsé…


El escritor español Juan Marsé recibió hoy el Premio Cervantes, y en su discurso de agradecimiento incluyó –como casi todos sus predecesores- cariñosas palabras para la obra cumbre de la literatura española: Don Quijote de la Mancha. Al recordar sus primeras lecturas de la celebérrima novela de Cervantes, Marsé reflexionó sobre el valor de las historias, de las buenas historias. Y es que ahí radica, en todo caso, uno de los mayores privilegios del ser humano: el de recrear el mundo y el tiempo. ¿Qué hizo Cervantes sino inventarse un universo? ¿Qué ha hecho el propio Marsé, que es un gran narrador, lo que viene a ser lo mismo que un demiurgo? Las historias son la razón de ser de la literatura, el lenguaje es el camino. Don Quijote ha llegado hasta nosotros con tanta fuerza y tanto encanto porque sus peripecias son cosa viva; porque Cervantes dotó a su criatura de un aliento ígneo, gozoso; porque allí está, diáfana y hermosamente plasmada, la esencia misma de la historia del hombre, de su misterio… Marsé lo ha dicho con mucha más elocuencia: Don Quijote “es el guardián del laberinto, el valedor de lo más noble, bello y justo que alienta en el corazón humano, el que vela por el espíritu, la vigencia y el esplendor de los sueños".

Juan Marsé leyendo su discurso de agradecimiento en la ceremonia de entrega del premio Cervantes. Universidad de Alcalá de Henares. España

miércoles, 22 de abril de 2009

Muñequitos rusos


Había un chiste muy celebrado que no acababa de entender: el niño se portaba mal y el padre lo regañaba: Oye, pórtate bien porque si no te pongo a ver los muñequitos rusos... Yo no podía comprender por qué los muñequitos rusos eran un castigo, porque a mí me gustaban mucho. No digo que no hubiera algunos insufribles, pero había otros indudablemente hermosos. Y hermoso no es un adjetivo que pueda calificar a buena parte de los dibujos animados norteamericanos, por ejemplo. Un corto animado norteamericano suele ser gracioso, hilarante (no pocas veces reaccionario), pero no precisamente hermoso. Muchos muñequitos rusos y de otros países socialistas que trasmitía la Televisión Cubana en los sesenta, setenta y los ochenta eran realmente bellos, algunos eran auténticas obras de arte. Claro que a veces el tempo y la densidad de las historias predisponían a un público infantil acostumbrado a los golpes y porrazos de la factoría Disney; pero poco a poco esos animados fueron labrando un cauce, cultivando una sensibilidad. Hoy más de una generación los recuerda con una mezcla de nostalgia y agradecimiento. Aunque no faltan los que siguen repitiendo que eran los muñequitos más pesados del mundo.

Fotograma de La pastora y el deshollinador. Soyuzmultifilm, 1965. URSS.

martes, 21 de abril de 2009

Historia de una casa


¿Quién habrá vivido en esta casa? ¿Cuántas historias de amor habrá acunado? ¿Cuántos amaneceres desde el balcón –la brisa del mar que nos despeina? ¿Cuántas despedidas en la escalera? ¿Cuántas noches de insomnio? ¿Quiénes habrán visitado esta casa? ¿Quién los recibió en la gran puerta? ¿Quién habrá nacido en esta casa? ¿Quién habrá muerto? ¿Cómo eran sus muebles? ¿Cómo era el paisaje alrededor? ¿Estaba ahí esa palma? ¿Y antes de la palma? ¿Cuántas conversaciones a la luz de una lámpara –afuera cantan los grillos? ¿Quién construyó esta casa? ¿Alguna vez, alguna muchacha caminó por la vereda de un jardín que ya no existe? ¿Cuándo se rompió el primer cristal? ¿Cuántos pájaros anidaron en sus aleros? ¿Alguna vez fue castigada por las olas? ¿Se cometió algún crimen en esta casa? ¿Cuánta gente ha llorado aquí? ¿Cuándo comenzó la decadencia de esta casa? ¿Cuánto durará la decadencia de esta casa? ¿Qué habrá aquí, dentro de cien años? ¿Quiénes viven en esta casa? ¿Cuántas historias de amor acuna? ¿Cuántos atardeceres mirando el mar desde la ventana? ¿Quién vivirá mañana en esta casa? ¿Alguien vivirá aquí mañana?

Casa solariega. Cojímar. La Habana.

domingo, 19 de abril de 2009

La casa de las bellas durmientes


Como tantos otros escritores japoneses, Yasunari Kawabata eligió el suicidio. Fue en 1972. Tres años antes, se había convertido en el primer japonés en obtener el Premio Nobel de literatura. Legó a las letras universales varias historias hermosas y de profundas connotaciones. La editorial Arte y Literatura ha publicado ahora una de las más conocidas: La casa de las bellas durmientes (1961). No es un relato cualquiera, es una delicadísima obra de arte, como dibujada sobre el papel. Pero también resulta una reflexión meridiana sobre la alienación del ser humano, el deseo reprimido, la vejez, la muerte… La historia ha cautivado a muchos lectores: el viejo Eguchi se hace asiduo de una singular posada, donde permiten a los ancianos dormir junto a hermosas muchachas profundamente dormidas, narcotizadas… Gabriel García Márquez encontró en este cuento la inspiración para su novela Memorias de mis putas tristes. Pero el relato de Kawabata es mucho más contenido y sutil, más sosegado. Más sensual. Uno casi puede oler la atmósfera de la habitación oscura donde duermen las muchachas, escucharlas respirar, sentir la suavidad de sus pieles… Uno termina por compadecer al viejo Eguchi, deslumbrado por la belleza y la muerte.

Yasunari Kawabata, escritor japonés.

jueves, 16 de abril de 2009

Ciudad en rojo


Uno lee Bertillón 166, de José Soler Puig, y desde las primeras páginas comienza a sentir una aprensión que no lo abandona hasta el final. Llegas a identificarte tanto con la suerte de los personajes, que por momentos sientes la tensión de vivir en una ciudad en pie de guerra, donde campea el terror de una tiranía. Es una novela singular: pocas veces se ha logrado un fresco más intenso y vívido de la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista. Ahora Rebeca Chávez recrea esta historia con su película Ciudad en rojo, que se exhibe en los cines del circuito habanero. El filme tiene muchos aciertos –y también algunos puntos débiles-, pero su principal virtud es captar esa atmósfera de opresión y efervescencia que imperaba en Santiago de Cuba, durante los últimos años de la tiranía. La película, como el libro que la inspira, es un homenaje a una ciudad heroica, que libró una lucha sin cuartel contra la infamia y el crimen. Es la crónica de su martirologio. Es un canto a la esperanza. Hablaremos más adelante de esta cinta. Por el momento, nuestro reconocimiento a Rebeca: gracias por este acercamiento sensible y franco a uno de los más gloriosos episodios de la historia de Cuba.

Fotogramas del filme Ciudad en rojo (ICAIC, 2009). Portal Cubacine.

lunes, 13 de abril de 2009

Corín


La pantagruélica obra de Corín Tellado es otro ejemplo de que la popularidad no necesariamente viene aparejada con la trascendencia. En los anales probablemente quedará el nombre de la escritora, pero muy difícilmente el título de cualquiera de sus libros. Su extraordinaria capacidad de fabulación, su intuición para encontrar la “veta romántica”, su disciplina de trabajo, la convirtieron en una de las autoras más leídas de la lengua española. Era una máquina de escribir historias: había encontrado un molde y sencillamente lo llenaba con nuevos personajes y nuevas circunstancias. Pero en esencia se trataba del mismo cuento. Sin pretensiones, sin cargos de conciencia. Sin búsquedas formales ni aspiraciones artísticas. Lo de Corín era darle a la gente una historia simple y llana, carente de vuelo y aliento, pero llena de peripecias, fácil de leer y olvidar. Letras para pasar el tiempo. Podría habérsele reprochado muchas cosas (en el ámbito meramente literario), pero no que le faltara pericia ni honestidad. Tampoco que pretendiera marcar un antes y un después. Con su muerte, Corín Tellado no deja el vacío insalvable que dejan otros escritores (la imposibilidad de nuevos alumbramientos), porque otros seguirán (siguen) haciendo esa literatura con la misma suerte y sin que se note el cambio de pluma. Para sus millones de lectores, será como si nunca hubiera muerto.

María del Socorro Tellado López, Corín Tellado (1927-2009), escritora española. Foto: revista Etiqueta Negra

viernes, 10 de abril de 2009

La comedia silente


Hace ya unos cuantos años, en la televisión cubana, un señor llamado Armando Calderón le ponía voz y música a las comedias silentes de principios del siglo XX. Aquel era un espectáculo singular: Calderón era un hombre orquesta: hacía todas las voces –hombres, mujeres, viejos, niños, héroes y villanos-, tocaba la armónica, se encargaba de los efectos sonoros, y, lo mejor, reinventaba las historias, ponía en voz de los personajes desternillantes bocadillos, que a veces poco o nada tenían que ver con el argumento original o con la época en que se desarrollaba. Así, deliciosamente parodiadas, las viejas películas resultaban mucho más atractivas.
Los recuerdos de la infancia marcan indeleblemente: cada vez que veo algunos de esos filmes hecho en falta las voces de Calderón. Ya sé que aquello era un juego, que el cine silente tiene un encanto sutil, que no precisa palabras. Pero lo de Armando Calderón también era mágico. Era un narrador de cuentos, una criatura escapada de sus propias historias.

Armando Calderón en una imagen de archivo. Televisión Cubana.

jueves, 9 de abril de 2009

Cardenal


El nicaragüense Ernesto Cardenal acaba de ganar el Premio Pablo Neruda, que otorga el gobierno de Chile a los mejores poetas iberoamericanos. Es el mismo premio que recibió hace algún tiempo la cubana Fina García Marruz. Como Fina, Cardenal es muy modesto, no se siente una criatura excepcional, aunque todo el mundo sabe que lo es. A pocos, poquísimos seres les es otorgado el don de la poesía con tanta intensidad y vuelo. Y sin necesidad de grandilocuencias. Ahí están esos versos para Claudia, que son un prodigio de sencillez y ternura. Cardenal es tan diáfano como sus poemas. Una tarde, en La Habana, durante uno de esos coloquios infinitos de las Ferias del Libro, me le acerqué para pedirle unas declaraciones. ¿Por qué te interesan mis palabras?, mi miró con sus ojos acuosos. Porque usted es uno de los más grandes poetas de América, respondí nervioso. Sonrió. Yo solo soy un hombre, dijo quedamente, como excusándose. Así y todo respondió mis preguntas. Bien bajito, no quería molestar a la gente que tenía al lado.

El poeta Ernesto Cardenal. Foto: Casamérica.

miércoles, 8 de abril de 2009

Cucarachas


Las cucarachas son insectos poco populares, a nadie se le ocurriría asumir su defensa pública. Pululan en la suciedad, viven a sus anchas en medio de la podredumbre. Por eso el mero hecho de verlas nos causa desazón, asco. (Nosotros mismos somos responsables de toda esa inmundicia, pero ahora no estamos hablando de nosotros). Por si fuera poco, las cucarachas tienen fama de cobardes. Sienten el peligro y enseguida huyen como alma que persigue el diablo. (Todos los animales huyen del peligro, pero ahora no estamos hablando de los demás animales). Con tantos defectos, las cucarachas nos parecen hasta feas, aunque en realidad no podemos esgrimir razones puramente estéticas para afirmarlo: ¿por qué es fea una cucaracha y no, por ejemplo, un escarabajo? Todo esto, por supuesto, a las cucarachas les da lo mismo. Ellas siguen en lo suyo, por los siglos de los siglos. Después de todo, lo más probable es que nos sobrevivan. Las cucarachas no tienen apuro.

Sobrevivientes, instalación de Roberto Fabelo. Museo Nacional de Bellas Artes. La Habana.

martes, 7 de abril de 2009

Bailarina


Sentada en el suelo del salón, la niña descansa después de una agotadora clase de ballet. Todavía tiene un día intenso por delante: ejercicios que tendrá que repetir una y otra vez, hasta el cansancio. Todos los días la misma rutina, el mismo agotamiento, el dolor quizás… No hay demasiado tiempo para el juego y el descanso. Esta niña no es como las demás, no puede serlo. Desde pequeña ha tenido que esculpir su cuerpo, hacerlo un instrumento flexible, elocuente. Es un proceso arduo, que exige demasiados sacrificios. Es la lucha del hombre por superar su propia naturaleza. Pero el premio es inefable. Privilegio el de los danzantes, que son cuerpo de poesía, poesía misma. Tal vez algún día, sobre un escenario, esta niña romperá el velo de la realidad, nos develará un misterio. Por ahora, lucha.

Estudiante de ballet en un receso. Escuela Nacional de Ballet. La Habana