Vamos a ver, ¿dónde encaja un libro de historietas? ¿Será lícito asumirlo como una obra literaria? ¿Podrá trascender alguna vez el estigma de ser considerado “arte menor”?Si a estas alturas todavía alguien tuviera dudas del extraordinario vuelo estilístico, la finísima poesía, el gran poder de sugerencia, el inteligente y nada pedante sentido del humor, la genialidad que puede llegar a albergar un libro de historietas, pues entonces podemos recomendarles uno, publicado hace algún tiempo por la editorial José Martí: ¡Qué presente impresentable!, del famoso dibujante argentino Joaquín Salvador Lavado, Quino.
Y que conste que no ha hecho falta que Mafalda aparezca en ninguna de sus páginas, pues las criaturas que Quino se inventa en cada historieta son tan convincentes, son tan complejas, revelan tanto de nuestras miserias y nuestras neurosis como el más célebre personaje de este autor.
Más allá del probado oficio de Quino como dibujante, en ¡Qué presente impresentable! somos testigos una vez más de su ingenio literario, de su capacidad de armar historias concisas y completas, de la originalidad y contundencia de sus metáforas, de su dominio de las leyes de la dramaturgia y de su preocupación constante por el futuro de un mundo que parece que se nos está yendo de las manos, si es que no se nos ha ido ya.
Quino, como algunos otros grandes de su profesión, es un cronista de privilegio, pues uno solo de sus dibujos puede dar un retrato mucho más vivaz y sugerente, mucho más efectivo de ese mundo, que centenares de líneas escritas por sesudos especialistas. Se ha dicho, quizás demasiado, que una imagen vale más que mil palabras.
Y algunas imágenes de este libro, en efecto, parecen confirmar el adagio. Pero es que a Quino también le sirven las palabras, y podemos encontrar, aquí y allá, en los bocadillos de sus personajes o en las cortas narraciones que acompañan sus dibujos, una auténtica expresión literaria, trozos de verdadera poesía.
El autor reflexiona, con humor que puede llegar a ser negro, pero nunca grosero, sobre la insostenibilidad de los actuales modelos económicos, la doble cara de la tecnología, el valor de las artes, las desigualdades, los prejuicios y, sobre todo, habla de esa criatura inexplicable que es el ser humano.
Y lo hace sin dar sermones, con una ironía que desarma, que nos deja pensando más allá de la sonrisa.
Foto e historieta tomadas de internet






