viernes, 21 de agosto de 2009

Quino, sin Mafalda

Vamos a ver, ¿dónde encaja un libro de historietas? ¿Será lícito asumirlo como una obra literaria? ¿Podrá trascender alguna vez el estigma de ser considerado “arte menor”?
Si a estas alturas todavía alguien tuviera dudas del extraordinario vuelo estilístico, la finísima poesía, el gran poder de sugerencia, el inteligente y nada pedante sentido del humor, la genialidad que puede llegar a albergar un libro de historietas, pues entonces podemos recomendarles uno, publicado hace algún tiempo por la editorial José Martí: ¡Qué presente impresentable!, del famoso dibujante argentino Joaquín Salvador Lavado, Quino.
Y que conste que no ha hecho falta que Mafalda aparezca en ninguna de sus páginas, pues las criaturas que Quino se inventa en cada historieta son tan convincentes, son tan complejas, revelan tanto de nuestras miserias y nuestras neurosis como el más célebre personaje de este autor.
Más allá del probado oficio de Quino como dibujante, en ¡Qué presente impresentable! somos testigos una vez más de su ingenio literario, de su capacidad de armar historias concisas y completas, de la originalidad y contundencia de sus metáforas, de su dominio de las leyes de la dramaturgia y de su preocupación constante por el futuro de un mundo que parece que se nos está yendo de las manos, si es que no se nos ha ido ya.
Quino, como algunos otros grandes de su profesión, es un cronista de privilegio, pues uno solo de sus dibujos puede dar un retrato mucho más vivaz y sugerente, mucho más efectivo de ese mundo, que centenares de líneas escritas por sesudos especialistas. Se ha dicho, quizás demasiado, que una imagen vale más que mil palabras.
Y algunas imágenes de este libro, en efecto, parecen confirmar el adagio. Pero es que a Quino también le sirven las palabras, y podemos encontrar, aquí y allá, en los bocadillos de sus personajes o en las cortas narraciones que acompañan sus dibujos, una auténtica expresión literaria, trozos de verdadera poesía.
El autor reflexiona, con humor que puede llegar a ser negro, pero nunca grosero, sobre la insostenibilidad de los actuales modelos económicos, la doble cara de la tecnología, el valor de las artes, las desigualdades, los prejuicios y, sobre todo, habla de esa criatura inexplicable que es el ser humano.
Y lo hace sin dar sermones, con una ironía que desarma, que nos deja pensando más allá de la sonrisa.

Foto e historieta tomadas de internet

jueves, 20 de agosto de 2009

Inducción cromática para La Habana

Inducción cromática para La Habana, el conjunto escultórico que el artista venezolano Carlos Cruz-Diez donó a la Casa de las Américas en su aniverario 40, ha cumplido su primera década.

Emplazada en la encrucijada de las calles Zapata, Universidad y G, la obra es representativa del llamado arte cinético, del que Cruz-Diez es maestro indiscutible.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Taibo II narra la Revolución del 33


Paco Ignacio Taibo II no ha escrito una biografía de Antonio Guiteras, al menos no en el sentido más convencional del término. Tampoco un ensayo historiográfico sobre la llamada Revolución del 33. "Antonio Guiteras. Un hombre guapo", en todo caso, es un relato ágil y desprejuiciado de una época, de una cadena de acontecimientos, de una etapa polémica y apasionante de la historia de Cuba. Estamos ante el retrato (chispeante, mordaz, heterodoxo) de un grupo de personas, personajes históricos, los actores de una gesta: los “buenos” y los “malos”, los “no tan buenos”, los “no tan malos”, aunque quizás aquí sea mejor prescindir de esas categorías un tanto superficiales: el autor, con todo derecho, con toda razón, es reacio a hacerlo.

Antonio Guiteras, una de las personalidades más interesantes del proceso revolucionario cubano, no es el único protagonista de este libro: es uno entre tantos. El que más atención recibe; el que, por momentos, funciona como hilo conductor del relato. Pero el autor no ha logrado articular un itinerario vital que constituya la columna vertebral del libro. Lo más probable es que no se lo haya propuesto. Taibo parece tan interesado en escribir la crónica general de los acontecimientos, que por momentos pierde de vista a su personaje. Mejor dicho: es el lector quien lo pierde de vista. Lo que en una biografía sería contexto, aquí puede llegar a ser objeto de atención prioritaria.

El autor no ha resistido la tentación de contar vida y milagros de tantas otras interesantes figuras, o al menos coquetear con sus biografías. Nos hace partícipes, incluso, de sus deseos insatisfechos de ahondar más en uno u otro. Se regodea en las grandes peripecias, y en las que no lo son tanto, pero tienen ese toque de singularidad y misterio que las hace muy atractivas para los lectores curiosos. La principal virtud de este libro es que, sin serlo, se lee como una novela. Una “novela” un tanto caprichosa en cuanto a estructura, orden cronológico, jerarquía y densidad dramática. Pero sin dudas muy entretenida, refrescante...

El desenfado y la ingeniosidad con que se acerca a hechos y figuras relevantes, que a algunos podrá parecerles hasta iconoclasta, redunda en la pujanza de la narración, en su verosimilitud y capacidad de establecer puentes con lectores menos dados a ensayos y monografías. El autor no exige, en ningún momento, unanimidad de enfoques. Este es un libro abierto a la polémica, al disenso. Una narración que apuesta, también, por el rescate de esa otra historia, la “menor”, que no necesariamente aparece en los libros de texto.