domingo, 29 de noviembre de 2009

Habaneras de Servando

Largos y estilizados cuellos, pronunciados perfiles, cabello flotante que se hace arabesco, curva deliciosa... Bellas mujeres, de peculiar cubanía, apoteosis del mestizaje, cabezas de diosas... Ojos grandes, cejas finísimas, bocas cerradas, majestuosa expresión... Son las célebres Habaneras del cubano Servando Cabrera Moreno (1923-1981), que hasta enero de 2010 exhibe el Museo Biblioteca que lleva el nombre de ese pintor, en La Habana.

Se trata de una de las series más conocidas de un artista que transitó por diversos caminos expresivos. Aquí, como en buena parte de su obra, están a la vista sus extraordinarias dotes de dibujante, su dominio de la línea y su marcada vocación por la figura humana.

Son cabezas de mujeres, muchas de ellas de perfil, en las que se aprecia una delicada sensualidad (otra de las características recurrentes de las creaciones de Servando), que contrasta, en alguna medida, con el poderoso erotismo de otras series.

Enamorado de la ciudad y sus habitantes, Cabrera sintetizó en estas pinturas el espíritu aéreo de estas tierras, la ligereza y la gracia natural de la mujer habanera, elemento vivo y primordial del paisaje urbano, símbolo citadino. Son rostros armoniosos, soportados por cuellos que parecen no acabar nunca (presunción de desnudez), y aquí y allá, confundiéndose con el cabello, flores, muchas flores (otro símbolo) que enmarcan la cabeza con sutil color.

Detalles de algunas de las obras expuestas en la muestra Habanera: Diosa indiana.

Iglesias (I)



Iglesia Ortodoxa Rusa. Avenida del Puerto. La Habana.

Más fotos...

viernes, 27 de noviembre de 2009

Fachadas (IX)

Almacenes en el Puerto de La Habana.

Ospina: El país de la canela

El escritor colombiano William Ospina ha presentado en Casa de las Américas su novela El país de la canela, con la que obtuvo este año el Premio Internacional Rómulo Gallegos. Se trata del segundo título de la una trilogía que inició con Ursúa y que concluirá con La serpiente sin ojos, todas ambientadas en los años de la conquista de América. “He escrito esta novela para contarme a mí mismo esa primera historia de América desde otra perspectiva, no la que nos inculcaron en la escuela, siempre desde el punto de vista de los europeos”, explica el autor. No cree posible que a estas alturas se pueda contar una historia verosímil desde la visión de un indígena, pues es una memoria perdida, pero sí desde el mestizaje, a medio camino entre el español y el habitante originario de estas tierras. Por eso el narrador de El país de la canela es un mestizo, que en principio era un personaje de ficción, pero con el tiempo resultó que en buena medida compartía historias y características con cierto personaje de la realidad.

El país… narra las aventuras y desventuras de una expedición delirante, la de Gonzalo Pizarro en busca de un supuesto país de la canela. La ambición de los conquistadores europeos, la ilusión de encontrar bosques enteros de canela los llevaron a atravesar las montañas para, interpretando a su manera la información que les suministraron los indios, acceder a un producto valiosísimo en la Europa de la época. Después del genocidio cometido por los europeos en el Cusco, esta “aventura” costó la vida a miles de nativos, que fueron aperreados (echados a los perros) o murieron por las penurias de un viaje o la cólera de Pizarro cuando descubrió que tras las montañas no había ningún bosque de canela, sino la inmensa y casi impenetrable selva amazónica.

Después de matar a la mayoría de los indios y consumir todas las provisiones (primero se comieron todos los cerdos, después los caballos y terminaron por devorar los mismos perros que antes habían devorado a los indios) a los españoles no les quedó otro remedio que construir un bergantín para poder navegar por el río Amazonas en busca de más alimento, algo que Ospina reconoce que “no deja de ser admirable”.

Con El país de la canela, Ospina emprende un viaje a la memoria para encontrarse con el mundo americano de hace cinco siglos, cuando todavía reinaba la exuberante naturaleza en el continente. Quiere también mostrar su amor por estas tierras, particularmente por su país, que ha recorrido de punta a punta, siempre imaginando cómo pudo haber sido en tiempos de la conquista.Es por último, según el autor, una metáfora del genocidio y de esa tendencia occidental, todavía vigente, de querer simplificar las cosas.

William Ospina en Casa de las Américas.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Cae la tarde

Para Félix, una ciudad entera, en su cumpleaños...

La revolución del arte chino

El Museo Nacional de Bellas Artes exhibe la más importante muestra de arte contemporáneo chino que se haya presentado en América Latina en las últimas décadas: Más de una treintena de artistas y medio centenar de obras que cubren un amplísimo espectro de estilos, formatos y temáticas. Pintura, escultura, video, fotografía, instalaciones… una oportunidad única para tomarle el pulso a más de una generación de artistas que quieren emular, salvando las distancias, la creciente pujanza de China en los ámbitos económicos y comerciales.

Es que ahora mismo se habla mucho de China, de su extraordinaria presencia internacional, pero no tanto del arte más renovador y hasta inquietante que se hace en ese país. El título de la exposición es más que ilustrativo: Beijing-Havana: nueva revolución del arte contemporáneo chino. En primer lugar, la muestra pretende ser un puente entre dos culturas lejanas y diferentes, pero con peculiares puntos de contacto. En segundo lugar, quiere ser la crónica de una auténtica revolución: la de las artes plásticas en un país anclado hasta hace pocas décadas en un estilo único y oficial: el realismo socialista.

La “explosión” es interesante: los artistas representados asumen el arte como elemento transformador de la sociedad, o al menos, como testimonio de un cambio. Es arte cuestionador, con evidentes pretensiones metafóricas. No faltan la ironía y la provocación, el análisis crítico de la historia. Tampoco la belleza o el misterio. Las obras transitan desde la figuración sin complejos hasta la abstracción y lo conceptual. Pero un tema parece marcar a buena parte de los creadores: el diálogo (más o menos constructivo, más o menos traumático) entre tradición y modernidad. Entre la China que se afianza en su historia milenaria y la que se abre a la globalización. Dos Chinas. Y al mismo tiempo, una misma China.

“Es el tema predilecto de la mayoría de los artistas chinos contemporáneos”, afirma el curador de la muestra, Xin Dong Cheng, uno de los más importantes galeristas de su país, organizador de algunas de las más exitosas exposiciones de arte chino en Europa. Es una muestra bastante ecuménica, que presume de representatividad. Pero sabemos que solo es una pincelada: tiene que serlo, estamos hablando de uno de los más grandes países del mundo: la tarea de jerarquizar se vislumbra titánica… Beijing-Havana… estará abierta hasta el 30 de enero de 2010.


Detalles de algunas de las obras.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Casas del Vedado (IV)



Casa en F esquina a 19. Vedado, La Habana.

Mas fotos...

Ospina en Casa de las Américas


El colombiano William Ospina ha regresado a la Casa de las Américas, esta vez como protagonista de la tradicional Semana de Autor. Después de congratularse por estar nuevamente en la Isla ("Cuba siempre está presente: o uno está visitando el país o está soñando con venir"), el escritor abrió la jornada con la lectura de su texto El dibujo secreto de América Latina, en el que reivindica un continente variopinto, independientemente de sus rasgos culturales comunes. "Por todas partes surge la evidencia de su diversidad", afirma el narrador, poeta y ensayista, convencido de que en ningún otro lugar del planeta la especie humana muestra tanta variedad.

Ahora está de moda hablar de globalización, pero para Ospina ese fenómeno comenzó hace siglos. El cristinanismo; el "descubrimiento" y conquista de América fueron algunos de sus exponentes. Según él, es un proceso perfectamente natural: "La humana es una historia de diásporas", afirma, y se remite a los orígenes mismos de la humanidad, cuando los primeros ejemplares de la especie comenzaron a desperdigarse en pequeñas hordas por el continente africano. El hombre llegó a América desde Asia, a través del hielo, recuerda: "Todo arraigo es hijo de una diáspora".

Destaca también el valor del legado universal en la formación de una cultura: "A veces utilizamos los aportes del mundo entero para expresar lo más profundo y original de nuestro ser". En ese sentido, considera que la literatura latinoamericana es "fruto del encuentro entre unas lenguas ya formadas y un mundo desconocido" Lenguas que, aunque no fuera ese su propósito, tuvieron que dialogar con las lenguas y culturas originarias. "Y todavía hoy siguen haciéndolo".

Como punto de partida de la tradición literaria latinoamericana, Ospina ubica a los cronistas de Indias, "que tuvieron que inventar un lenguaje" ante el maravilloso y desconocido paisaje que tenían delante. A diferencia del devenir cultural europeo, para el que lo humano era la medida de lo divino, la exhuberancia del paisaje americano puso a estos primeros escritores en tensión entre sus propios cánones y los que exigía un mundo nuevo, que no se correspondía con la escala humana. Todavía hoy -considera Ospina- los latinoamericanos viven en la vecindad de una naturaleza no dominada del todo. "Nuestra América es todavía el reino de la perplejidad".

Bailarines (II)



El Ballet Nacional de Cuba en Después del diluvio, coreografía de Alberto Méndez. Gran Teatro de La Habana. Sábado 21 de noviembre de 2009.

Más fotos....

Palmas

"Palmas reales" creadas por destacados artistas cubanos. Plaza frente al Edificio de Arte Universal del Museo Nacional de Bellas Artes. La Habana.

Más fotos...

Formas

Detalle de una de las esculturas emplazadas en el parque aledaño a la Terminal de Ómnibus Nacionales. La Habana.

Más fotos...

lunes, 23 de noviembre de 2009

Fachadas (VIII)

Biblioteca Nacional José Martí. La Habana.

Más fotos...

Persuasión, de Jane Austen


No sólo pueden resultar polémicas las páginas descarnadamente eróticas, o las que reflejan una realidad desapacible, los cuentos y novelas que se adentran en historias demasiado violentas o inquietantes, los que se ocupan de tabúes vigentes… No sólo pueden resultar polémicos los autores que han escandalizado, para bien o para mal, con buenas o no tan buenas intenciones…

Universos literarios mucho más apacibles, si se quiere asépticos; autores que serían incapaces de sonrojar a los lectores más mojigatos, también pueden estar en el centro mismo de enconados debates: la inglesa Jane Austen, por ejemplo.

A casi doscientos años de su muerte sigue siendo idolatrada por muchos y severamente cuestionada por otros tantos: los primeros, defienden su peculiar gracia para colorear situaciones y peripecias comunes y corrientes, historias de amor sin demasiados ánimos de trascendencia. Celebran también su capacidad de armar personajes convincentes, de conducir con tino toda una sinfonía de voces, atendiendo bien las diferencias entre cada una; su probada maestría a la hora de recrear atmósferas…

En la otra esquina, sus detractores no le perdonan la falta de interés por asuntos más raigales, la obstinada superficialidad y el estrechísimo abanico temático de sus novelas, el tono algo moralista y simplificador con que describe emociones y sentimientos, la casi nula implicación de sus libros con un contexto histórico demasiado convulso.

Pero el caso es que Jane Austen sigue siendo hoy por hoy una de las más populares escritoras, sus libros siguen editándose y muchos lectores siguen emocionándose con los vaivenes amorosos de sus protagonistas. De acuerdo, quizás no estemos ante la obra contundente de un genio, que deslumbre y desasosiegue. Pero tampoco ante las simples novelitas rosas que algunos críticos han querido ver. Aunque las historias de Jane Austen terminen por lo general con el tan vilipendiado “y fueron felices para siempre”, no hay que escamotearles el mérito de la frescura, el buen oficio, la rica imaginación con que fueron escritas.

La editorial Arte y Literatura, en su popular colección Huracán, ha publicado la última novela de Austen, Persuasión, escrita entre 1815 y 1816, una hermosa historia de amor, con todos los ingredientes: idilios aparentemente imposibles, pasiones reprimidas, soledad y sacrificio, triunfo final de los enamorados, todo presentado con estilo limpio, con buen gusto y buena factura, sin concesiones a la cursilería, con admirable dominio de la narración y el diálogo, dinamismo y sentido común.

Bastaría con eso para ser una lectura recomendable, digan lo que digan los lectores poco dados a historias de salón, recámara y paseos campestres. Pero Persuasión es más que eso: es el retrato agudo y desprejuiciado de una clase: la pequeña burguesía rural inglesa de principios del siglo XIX, tan ocupada en cotilleos y componendas sentimentales, que se desentiende de una Europa que se desangra, de una sociedad de crueles desigualdades.

Puede el lector tomar crítica distancia o abandonarse sin demasiados remordimientos al sereno devenir de los enamorados.

Detalle de un retrato de Jane Austen (1775-1817). Evert A. Duyckinick.

Lluvia

Plaza de la Revolución, La Habana, día lluvioso...

Más fotos...

domingo, 22 de noviembre de 2009

Ferrocarril


Línea férrea en las afueras de la ciudad de Santa Clara.

Más fotos...

María Elena Llorente: medio siglo en el ballet


Cada vez que subía al escenario, María Elena Llorente daba una lección de suficiencia y limpieza técnica, seguridad y dominio estilístico. Bailaba como había que bailar. Hizo suyos todos los personajes de la gran tradición clásica, pero también brilló en obras más contemporáneas, como El río y el bosque (en la foto), de Alberto Méndez. Era, sin dudas, una bailarina todo-terreno. Dejó de bailar en 2002, pero sigue siendo uno de los puntales del Ballet Nacional de Cuba, la compañía a la que ha dedicado toda su vida artística. Es que se ha consagrado a una de las más nobles tareas de su arte: la enseñanza, la salvaguarda de una tradición. El Ballet Nacional le ha celebrado este fin de semana el aniversario 50 de su debut profesional, ocasión en que el público le tributó una calurosa ovación. Y para homenajearla, una de las obras que marcaron su carrera: La fille mal gardée, que tuvo en Bárbara García una intérprete de lujo…

María Elena Llorente en El río y el bosque, de Alberto Méndez. Foto: Colección Museo Nacional de la Danza.

Luz


Relieves de Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos en la Plaza de la Revolución de La Habana.

Teatro La Caridad, en Santa Clara.

Más Fotos...

martes, 10 de noviembre de 2009

Libros viejos

Escribí hace algunos años en el periódico Trabajadores una crónica sobre las librerías de viejo y fui víctima de un aluvión de cartas enérgicas e indignadas, cartas que me anunciaban hasta el mal del que iba a morir; tendrían que haberlas leído para que se hicieran una idea de lo impetuosos que son ciertos lectores de periódicos. No soy del todo inocente, la verdad es que la croniquilla no era muy cándida: aquí y allá, sin demasiadas contemplaciones, lanzaba dardos a esos vendedores de las librerías estatales que no tienen la menor idea de lo que están vendiendo. También ponía el grito en el cielo —y lo sigo poniendo— ante la escandalosa circunstancia de que en una librería que me resulta especialmente antipática, un ejemplar de Los hermanos Karamazov llegara a costar cien pesos. (Por cierto, después descubrí otro establecimiento, más periférico, donde el mismo libro valía solo cinco; así que ya saben, antes de comprar cualquier cosa por ahí, ya sea un libro o un par de zapatos, no se precipiten y visiten más de un comercio). Ya sé que esas son las leyes de la oferta y la demanda, qué se le va a hacer; muy amablemente, los compañeros del Centro Provincial del Libro me explicaron los pormenores del esquema de venta de libros raros y de uso, y yo les aseguré que la dichosa crónica nunca pretendió cuestionarlo, así que el asunto, al menos desde el punto de vista institucional, quedó allí. Todavía seguí recibiendo por algunas semanas cartas de libreros y usuarios ofendidos (y ofensivos), pero el tiempo lo cura todo.
El caso es que sigo prefiriendo las librerías atiborradas de libros viejos, unos sobre otros, unos detrás de los otros; las librerías que te invitan a sumergirte, casi a bucear entre añosos ejemplares de editoriales argentinas y españolas.
Me gustan las librerías con pasillos estrechos, con pequeños recovecos donde el cliente que no tenga demasiado apuro pueda acurrucarse y leer páginas completas de un libro que todavía no se decide a comprar.
Uno nunca sabe a ciencia cierta qué puede encontrarse, qué pequeña joya que casi se deshace entre las manos, o qué noveluca olvidada, o qué revista amarillenta llena de anuncios de Palmolive o Colgate.
Por otra parte, la aventura de los libros viejos no acaba cuando uno se decide a comprarlos, porque muchas veces, ya en la intimidad de nuestra habitación, descubrimos entre sus páginas huellas de sus anteriores dueños, trozos de historias que retan nuestra imaginación: una florecilla seca, una dedicatoria amable, una foto medio borrosa, una carta de amor, un recorte de un periódico que ya no existe… salvados así del tiempo y el polvo.

Publicado en Alma Mater, enero de 2008

domingo, 8 de noviembre de 2009

Amanece

Edificio en la Avenida de los Presidentes. La Habana.

Festival de Teatro de La Habana: Una comedia bareback sobre el SIDA

Esa capacidad de verle el lado humorístico a casi todo es, de hecho, una estrategia de supervivencia. A algunos cándidos espectadores pudiera perecerles impropio, por ejemplo, escribir una comedia sobre el SIDA, pero, ¿por qué va a serlo, si estamos cansados de reírnos de la mismísima muerte?
Por lo menos aquí no hay muertos. Hay siete personas enfermas de SIDA, que se ocultan en un búnker con el objetivo de preparar un acto insurgente. No importa la dimensión del acto, no importan demasiado sus consecuencias. Importa el acto mismo de rebelarse, de protestar, de dar batalla...

Una comedia bareback sobre el SIDA, el espectáculo que ha presentado en el Festival la compañía argentina Teatro Payró, habla de la imperiosa necesidad de luchar en contra de lo que consideramos injusto, aunque el destino nos ponga en el bando de personas que no necesariamente comulguen con nuestra manera de ver el mundo.
Los siete personajes de Una comedia... son muy diferentes, demasiado diferentes entre sí, hasta el punto de que en circunstancias normales no se embarcarían en la misma empresa. Sus motivaciones difieren, sus métodos también. Pero ahora comparten un mismo objetivo: poner en crisis a un sistema que los reprime, que los humilla...

La obra transita de la fina ironía y el humor negro al chiste más o menos grueso, de la exaltación a la calma, en un texto bastante lineal aunque no lo suficientemente diáfano. Precisamente esa linealidad de lo escrito hace que la fragmentación de la puesta en escena resulte algo excesiva.
Por lo demás, la simpatía de los actores y la hilaridad de algunas situaciones se ganan al público, seducido también por un debate todavía álgido: ¿hay que criminalizar al que trasmite el virus, incluso a sabiendas?, ¿tienen las personas "el derecho" a enfermarse?, ¿aceptación o tolerancia?

Festival de Teatro de La Habana: Neva

Hemos sido testigos, en la recta final del XIII Festival Internacional de Teatro de La Habana, de una puesta extraordinaria: Neva, del grupo chileno Teatro en el Blanco, cuyos presupuestos son la esencialidad escénica, la dramaturgia comprometida y el protagonismo indiscutible del actor. Pero así, en negro sobre blanco, esos son solo presupuestos, por supuesto que no garantizan la contundencia de un espectáculo.

Lo que hace de Neva una puesta excepcional es la profundidad y el vuelo de su discurso; el diálogo beligerante con el espectador; la pretensión de establecer puentes entre contextos y circunstancias disímiles; el enjundioso y evidente proceso investigativo en que se sustenta; la sugerente armonía entre todos sus elementos: letra, escenografía, iluminación, vestuario, movimiento escénico… Y, sobre todo, la fuerza interpretativa de un elenco capaz de asumir múltiples registros, capaz de incorporar con pasmosa organicidad y potencia un texto arduo, de peculiar y tornadiza cadencia, matizado y poético, bello, por momentos pirotécnico, irónico, desgarrador, contestatario…

Más allá de la anécdota (tres actores que ensayan un texto de Chéjov esperan en vano a sus compañeros de reparto, posibles víctimas de la terrible represión del Domingo Sangriento, en la Rusia zarista de principios del XIX), Neva deviene ensayo sobre el rol del arte, sobre la subjetividad de la historia, sobre los laureles y las veleidades de la representación, sobre la naturaleza del actor…

Nadie tema, sin embargo, una demagógica y didáctica andanada. Parábola y peripecia se funden en una dramaturgia ágil, que ofrece a los actores más de un reto y muchas oportunidades de lucimiento. La sencillez casi extrema del diseño escenográfico y de iluminación cede protagonismo al texto y a la actuación, pero constituye también un poderoso recurso: es mucho más que atmósfera opresiva: redondea la metáfora.

Trinidad González, Paula Zúñiga y Jorge Becker en Neva, escrita y dirigida por Guillermo Calderón.

Carretera

Autopista Monumental, este de La Habana

jueves, 5 de noviembre de 2009

Festival de Teatro de La Habana: Pervertimento

Pervertimento, de Teatro Ensayo Gestus (Ecuador) habla del teatro desde el teatro. El diseño escénico es sobrio, minimalista, concebido para dar preponderancia al texto y al movimiento escénico. El espectador asiste a un juego escénico donde se analizan las rutinas teatrales y se reflexiona desde la perspectiva del personaje, del actor, del dramaturgo...
La obra pretende cuestionar nuestras nociones de la representación, de lo teatral. Interesante punto de partida, pero el itinerario puede llegar a resultar agotador. El texto, por momentos, abruma y está demasiado tiempo caminando peligrosamente entre lo poético y lo ampuloso; entre la sugerente parábola y el didactismo ramplón.
En todo caso, el humor de algunas escenas saca al espectador del marasmo de otras con demasiadas ínfulas "intelectuales". La convincente interpretación del elenco hace más llevaderos ciertos pasajes francamente cacofónicos.

Fuentes (I)


Fuente de la Villa Panamericana, La Habana

Festival de Teatro de La Habana: Invierno bajo la mesa

Esta parece una historia francamente expresionista: una traductora decide alquilarle a un inmigrante de Europa central el espacio que hay debajo de su mesa de trabajo para que se instale, para que viva allí. Pero en definitiva, no es una puesta delirante, colmada de metáforas inquietantes. Una vez que los personajes (y los espectadores) asumen esta situación con normalidad, fluye una deliciosa y sencilla historia de amor.

El emigrante ayuda a la traductora a descifrar ciertas frases de un libro, se va tejiendo una amistad, influida para bien o para mal por la intervención de otros personajes: una amiga bastante entrometida; el alegre primo del inmigrante, que viene a vivir con él; el inescrupuloso jefe de la traductora, que la desea...

Invierno bajo la mesa, de Roland Topor, presentada en inglés por la compañía norteamericana Infinite Stage, es una puesta diáfana y elocuente, hasta el punto de que puede ser perfectamente comprendida por espectadores que no hablan ese idioma. Puede que se escapen algunas particularidades, pero no el sentido del espectáculo. La corrección de la dramaturgia, la profesionalidad del elenco, la esencialidad del diseño escénico acentúan las atmósferas, apoyan la serena dimensión metafórica de la fábula, tienden puentes.