domingo, 24 de enero de 2010

Fachadas (XI)

Capitolio de La Habana.

Augier

Hay mucho viento, y mucho mar, y mucha luz en la poesía de Ángel Augier (1910-2010). Fascinación ante la serena belleza de las cosas (Había un pueblo de luces en el agua tranquila), nostalgia del silencio (No hagas ruido, a ver,/ si no se va la tarde), arrobamiento ante la fuerza de la naturaleza (Se ha caído al suelo el Mar. Difícil recogerlo, alzarlo, ayudarle. La masa espesa se mece y se deshace en espuma, en olas), exaltación de la tierra natal (Cuba, flotante línea suspendida en la punta del agua sin sosiego), homenaje al amor sensual, subyugante (Sigo, Amor, con mi júbilo sin bridas por/ senderos de mieles tu carrera)…
Fue poeta de cuidadísimas formas, de delicado y diáfano aliento, de melódicas inflexiones. No se regodeó en estériles rompimientos: lucía a gusto cultivando una tradición poética de siglos. Sus versos parecen nacidos de la paz, aguas de un caudal sosegado, sin obstáculos.
Pero en Augier, como en otros grandes, no encuentra resonancia la tan manida y prejuiciosa idea de que creación y compromiso social son excluyentes.
Investigador, periodista, académico, dirigente y promotor cultural, Héroe del Trabajo de la República de Cuba, era uno de los pilares de nuestras letras, actor y cronista privilegiado del devenir de la cultura cubana en un siglo convulso, pletórico de rupturas y nacimientos. Encarnó la imagen del escritor sereno, confiado, mas no envanecido por su talento. Quizás ese retraimiento haya sido la causa de que su reconocimiento público, más allá de los premios y distinciones institucionales, estuviera muchas veces por debajo de su estatura intelectual. Porque hay que decirlo: ante la noticia de su muerte, no podemos evitar sentirnos en deuda.

Foto: Tomada de internet

martes, 5 de enero de 2010

Disney: De nuevo a los pinceles

La princesa y el sapo, la más reciente de las películas de la factoría Disney, ha marcado el regreso a la técnica tradicional de animación, después de años de dibujos computarizados. El dibujo a mano, método utilizado por más de 70 años, había sido desechado en 2004 por los ejecutivos de la empresa, en favor de la digitalización.Pero dos años después, una de las principales figuras de la animación digital, John Lasseter, se hizo cargo de la dirección creativa de los estudios y, contra todo pronóstico, anunció que Disney volvería a los pinceles.El resultado ya está a la vista: La princesa y el sapo, un cuento de hadas que se estrena esta semana en varias capitales del mundo, dirigido por el propio Lasseter.

La película ha sido noticia no solo por la ténica utilizada, sino por lo que narra: una historia de fantasía, sí, pero ambientada en un lugar bien terrenal: la ciudad de Nueva Orleáns en los años 20 del siglo pasado. Y también por el color de la piel de la protagonista: Tiana, "la princesa" es negra (a muchos les parece sintomático; a otros un tardío acto de justicia). Se trata de una muchacha trabajadora que sueña con tener un restaurant. Pero que quede claro, es un auténtico cuento de hadas: con príncipe, hechizo y final feliz...

Todo marcado por el encanto de unos dibujos hechos a mano, con delicados y multicolores fondos. Y con una banda sonora que recrea el esplendor del jazz. No significa que Disney renuncie a la animación digital, pero sus directivos ahora creen que pueden coexistir los dos métodos. En todo caso, algo está más que claro: la calidad de una película trasciende casi siempre la técnica utilizada. Y en cuanto al regreso a los cuentos de hadas, después de varios años con historias y personajes bastante cínicos y burlones, habrá que ver si se trata de un pragmático cambio de rumbo o de una simple y circunstancial voltereta.

Diseños para la película. Disney

Un año para Alicia Alonso


Alicia Alonso, se ha dicho muchas veces, es la Artista Nacional. La mítica bailarina ubicó a Cuba en un lugar de privilegio del mapa de la danza clásica universal. Hizo carrera, pero también compañía y escuela. Su extraordinario itinerario creativo ha marchado siempre a la par de su apego a las más justas causas de su pueblo. Ha sido embajadora de la cultura cubana en todo el mundo. Alicia es símbolo de genio y perseverancia. Alicia es su propio monumento.
El Ministerio de Cultura ha anunciado que en 2010 rendirá un homenaje nacional a la directora del Ballet Nacional de Cuba y figura cimera de la danza en Iberoamérica, en ocasión de su cumpleaños 90, que se celebrará el 21 de diciembre. A ella estará dedicada este año la jornada de la cultura cubana, punto culminante de un programa que incluirá varias acciones conmemorativas a lo largo de estos meses. El XXII Festival Internacional de Ballet de La Habana estará también dedicado a su fundadora.

Alicia Alonso en Yagruma, ballet de fugaz presencia escénica, pero que posibilitó esta imagen ya mítica del fotógrago mexicano Tonatiuh Gutiérrez.