viernes, 23 de abril de 2010

José Emilio Pacheco acaricia un tigre

José Emilio Pacheco (México, 1939) es un poeta con los pies bien puestos en la tierra, no significa, por supuesto, que carezca de vuelo; significa que Pacheco le pone alas a lo que normalmente no las tiene, o más bien a lo que a primera vista no las tiene. Y él mientras tanto, se queda debajo, mirándolo volar... Ahora que ha recibido el Premio Cervantes de Literatura tiene sobre sí muchas miradas, pero de alguna manera siempre las ha tenido, porque su literatura habla de tú a tú con el hombre de a pie, y a la mayoría de la gente le gusta que le cuenten de la belleza del mundo (o de su fealdad, llegado el caso) de una manera diáfana, sin retórica ni grandilocuencias. Diáfana no quiere decir simple, y cuando uno lee la poesía de Pacheco, o su prosa, nota enseguida un rigor extraordinario y también una facilidad para encaminar por los más impolutos senderos lingüísticos las más disímiles e ingeniosas ideas de la vida y las cosas. Poeta de la cotidianidad, lo han llamado una y otra vez, pero lo cierto es que Pacheco no es un cronista objetivo: el suyo es un juego de espejos donde la imagen se dibuja deliciosamente distorsionada... Como cuando, en uno de su poemas, le pide a su gato que se acerque, porque esa será la única oportunidad de acariciar a un tigre.

Reseña y poemas en Cubasí.cu

Jose Emilio Pacheco is a down-to-earth poet; of course, it does not mean that he lacks flair; but that he puts wings to things that normally do not have them or rather to what does not have them at first sight. And in the meantime, he stays on the ground, watching them fly… Now that he has received the Cervantes Prize for Literature he has many eyes on him, but in some way he’s always had them, because his literature speaks on friendly terms with the ordinary man, and most people like writers tell them about the beauty of the world (or about its ugliness, when the time comes) clearly, without rhetoric or grandiloquences. Clear does not mean simple, and when you read Pacheco’s poetry, or his prose, you immediately notice an extraordinary rigor and an ease to direct the most dissimilar and witty ideas of life and things through the most unpolluted linguistic paths.

José Emilio Pacheco en su discurso durante la entrega del premio Cervantes. 23 de abril de 2010. Foto: Uly Martin, El País.

A trozos

En A trozos, el unipersonal que presenta Teatro El Público, no se respetan las fronteras entre el público y el actor, se vulnera una y otra vez la célebre cuarta pared. Desde el principio, el espectador comprende que muy probablemente será parte del juego. Pero esa es solo una parte del plan: la puesta en escena reserva otras acometidas: ruidos ensordecedores, haces de luz que obnubilan. Este es un espectáculo francamente provocador, inquietante, por momentos incómodo… Gustavo Montes, en el doble rol de dramaturgo y director, presenta un puñado de personajes en situaciones extremas, delirantes. Al final todo parece indicar que estamos ante un solo personaje, que ha asumido con grandes dosis de morbo y esquizofrenia la personalidad, los miedos y los demonios de todos.En ese juego de caracterizaciones se luce Georbis Martínez. Despliega un impresionante espectro de recursos para hacer verosímiles a sus criaturas. El texto es cortante, crudo, hasta hiriente… Y la puesta lo emula en ese sentido.

Una reseña en Cubasí.cu


In Pieces the frontiers between the public and actor are broken; it’s crossed over and over the famous fourth wall. Since the beginning, the spectator understands that he will very likely become part of the game, whether he like it or not. But that’s just part of the plan: the staging saves other feats: deafening noises, blinding rays of light. This is a frankly provocative, disturbing show, even uncomfortable at times… Gustavo Montes, in his double role of playwright and director, present a group of characters dealing with extreme and delirious situations: people pulled from their everyday routine and left in the middle of a macabre chess. Just a group of characters, that’s the catch. And not because it obviously a single actor interprets them. But because in the end everything seems to indicate that we are witnessing a single character who has assumed with great morbidity and schizophrenia the personality, the fears and the demons of all. In that game of characterizations Georbis Martinez gives his best. He deploys an impressive spectrum of resources to make believable his creatures.

A review in Cubasi.com

El actor Georbis Martínez en A trozos.

Romerillo

martes, 20 de abril de 2010

Colette: El trigo en ciernes


No acabamos de hacerle justicia a Colette, la pródiga escritora francesa; la causa habrá que buscarla en ese prejuicio que todavía cargamos contra las novelas de amor. Porque eso, entre otras cosas, escribía: novelas de amor, plena, diáfanamente, sin trascendentalismos trasnochados. Uno lee, por ejemplo, El trigo en ciernes (Le blé en herbe, 1923) y enseguida descubre esa vocación por novelar los pequeños placeres de la vida. No hay grandes héroes en este libro, no hay epopeya: está la crónica de un amor que comienza, amor de adolescentes, que puede ser, al mismo tiempo, el más liviano y el más serio de los amores. Colette se las arregla para ir más allá de las peripecias, sin perder nunca el pulso: aquí narración y descripción confluyen admirablemente. La autora, más que narrar con pelos y señales el itinerario de sus personajes, se regodea en su caracterización, que es admirable. Lo que hace a este libro peculiar es la belleza y sensibilidad con que está contado, el inteligente acercamiento a las emociones, la precisión de su prosa, que encuentra las palabras justas para describir un paisaje, un sentimiento.

Comentario en Cubasi.cu

The Game of Love: Colette

We do not manage to have justice brought over for Sidonie Gabrielle Claudine, known as Colette, the prodigal French writer. We should find the cause in that prejudice we still charge against love stories. Why that, among other things, Colette (France, 1873-1954) wrote: love novels, clearly full, without crazy trascendentalisms. You read, for example, The Game of Love (1923), and immediately discover that vocation for fantasizing the small pleasures of life. There are no great heroes in this book, there’s no epic: it features the chronicle of a love that begins, teenagers’ love, which can be, at the same time, the lightest and the most serious of all loves. Colette manages to go beyond peripetias, without ever losing her pulse: narration and description converge admirably here. What makes this book particular is the beauty and sensitivity with which it has been narrated, the intelligent approach to emotions, the accuracy of its prose, which finds the exact words to describe a landscape, a feeling.

Review in Cubasi.com

Sidonie Gabrielle Claudine, Colette (Francia, 1873-1954). Foto: Internet.

lunes, 19 de abril de 2010