jueves, 27 de mayo de 2010

Mad-Men

Cubavisión está presentando ahora en las madrugadas la segunda temporada de Los hombres de la avenida Madison (Mad-Men), que se centra, como la primera, en el devenir del creativo "Don" Draper (magistralmente intepretado por Jon Hamm). El estilo visual de la serie, cinematográfico, es su más notable carta de triunfo, pero no la única: el guión destaca por su profundidad dramática, por la convincente exploración en la naturaleza de un individuo que devino un tipo: el profesional de la publicidad de los años 50 y 60, criatura glamorosa, pero casi siempre maniatada por adicciones destructivas o grandes dosis de estrés. Sostienen al libreto un riguroso trabajo de investigación histórica (más allá de muy puntuales licencias) y una efectiva caracterización psicológica de los personajes. Los hombres de la avenida Madison es una de las más aclamadas series de televisión de los últimos años. Dentro de su universo temático ha establecido un hito: difícilmente pueda ser emulada. Más que recomendable...

Una reseña en Cubasí

Cubavision is presenting now the second season of the series which is centered, like the first one in "Don" Draper’s creative doings (masterfully embodied by Jon Hamm), the core of a complex network of characters and situations, to the point that it could be considered a choral history.The visual style of the series, almost film-like, is its most remarkable winning card, but not the only one: the script highlights its dramatic depth, for the convincing probing in the nature of an individual who became a type: the professional of publicity in the 50’s and 60’s, glamorous creature, but almost always tied down by destructive addictions or great stress burden. The script is supported on a rigorous work of historical investigation (far beyond certain licenses) and an effective psychological characterization of the characters. The men of Madison Avenue is one of the more acclaimed series in television of the last years. The series has established a landmark within its thematic universe: it is difficult to compare it.

Translation: Cubasi Staff

A review...

Hoy, en Fotografía




Algunas de las fotos publicadas hoy en Yuris Nórido. Fotografía

Un poema (I)

Para Anett

Ya nos gustaría sentir otros dolores
que no vengan de las piedras del camino
de las piedras que nos lanzan
ya nos gustaría regodearnos
en esa tristeza acuosa que viene del aire
de la nada
desde adentro
también…
olvidados de las lágrimas ajenas
ligeros
como el pájaro que se posa en las espinas.

Una velada metafísica con Matacandelas

Macandelas ha regresado a La Habana con otro de sus montajes "biográficos", otra historia de vida: la del filósofo y escritor colombiano Fernando González, uno de los más singulares y polémicos pensadores de la América toda. En Fernando González. Velada Metafísica, confluyen vida y obra del personaje en un montaje de marcadísimo vuelo poético: se nos habla del hombre y de su legado con un desprejuicio que a primera vista pudiera desconcertar. Pero la evidente intención lúdica, la voluntad de desdramatizar propician más bien un lúcido distanciamiento, que permite asimilar las esencias de un ideario francamente levantisco, provocador y visionario. Como en otras propuestas del emblemático grupo colombiano, aquí no se pueden vislumbrar grietas entre texto y montaje: la contundencia literaria del texto encuentra en la puesta, más que continente, su porpia naturaleza visual y sonora. El discurso fluye como si se armara en complicidad con el espectador, lo que no significa que no cuente con un plan bien definido. Son notables la intención de extrañamiento y los juegos de la imaginación, pero el espectáculo convence por su verosimilitud y organicidad: el elenco, más que actuarlo, parece habitarlo. El de Matacandelas es teatro dialogante, poco dado a concesiones, de profunda vocación simbólica, pero ajeno a trascendentalismos indigestos.

Macandelas has returned to Havana with one of its "biographical" staging, another story of life: the Colombian writer and philosopher Fernando Gonzalez, one of the most outstanding and controversial thinkers of all America. The life and work of the character converges in a high poetic-sense staging: “Fernando Gonzalez. Metaphysical evening”. We are told about the man and his legacy without a prejudice that at first glance may disconcert. But the clear intention of entertainment, the desire to demystify provide a lucid distancing allowing to assimilate the essence of an ideology openly rebellious, provocative and visionary. As with other proposals from the iconic Colombian group, there are no cracks between texts and staging: the text literary strength finds in the play its own visual and sound nature. The speech flows as if there were complicity with the audience, tough it has a well-defined plan. The intention of estrangement and games of imagination are notable. However, the show convinces due to its credibility and organization: the cast, rather than acting, seems to live it. Matacandelas is theater of dialogue, not given to concessions.

Translation: Sergio Alejandro Paneque (Cubasi Staff)

El colectivo de Matacandelas y el actor Juan David Toro (foto inferior) durante una de las representaciones de Fernando González. Velada Metafísica en la temporada Mayo Teatral de Casa de las Américas. Sala Covarrubias. Teatro Nacional de Cuba. Mayo 2010. FOTOS: Yuris Nórido

Más fotos en Yuris Nórido. Fotografía

Bustos (III)

Busto de Rubén Martínez Villena en el patio de la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). 17 y H, Vedado, La Habana.

Benedetti en Casa

Benedetti iba a dar un recital en Casa de las Américas y todos estábamos como con mariposas en el estómago, para decirlo de una manera algo poética, lo cierto es que estábamos animadísimos porque para la mayoría de nosotros, acabaditos de llegar “del interior”, aquel iba a ser nuestro primer encuentro con un gran poeta, con un poeta de los mejores, qué privilegio poder estar allí, frente a frente, escucharle decir los poemas que habíamos leído alguna que otra vez, que repetíamos de memoria; algunos de nosotros incluso escribíamos versos, en privado, con mucha timidez, y soñábamos con que algún día alcanzaríamos gloria y cariño, que podríamos reunir a cientos de personas en un gran salón, ansiosos por oírnos declamarlos; el caso es que por la tarde Benedetti iba a dar un recital en Casa de las Américas, así que llegamos una o dos horas antes, para coger asiento, y allí estuvimos parloteando, hablando boberías, mientras la sala se llenaba, la expectación crecía; bueno, que apareció por fin Benedetti y de inmediato simpatizamos con él, tan sencillo y tan pausado, con esa cara de hombre bueno, con esa sonrisa medio triste, se sentó y comenzó a leer…Eso de que la poesía nos hace mejores no es una frase hueca, no señor, eso de que la poesía salva, tampoco lo es, eso de que solo la poesía puede explicar algunos misterios, es una verdad del tamaño de un templo; esa tarde Benedetti nos mostró un camino, nos habló directo al corazón, nos hizo llorar y reír, nos deslumbró con la fuerza de sus letras, nos hizo sentir otros y los mismos; salimos de Casa de las Américas con mariposas en los pies, ligerísimos, diáfanos, alegres, nos sentamos en el Malecón y entendimos, de pronto, que la poesía está en todos lados (el sol perdiéndose en el horizonte, el embate de las olas, la risa de tu amante), pero solo unos pocos son capaces de atraparla en un papel; creí de pronto ser de esos pocos, de esos elegidos y subí al piso 20 de la beca y escribí tres o cuatro versos, me los leí en voz alta y los guardé en mi almohada, trémulo de emoción. Afortunadamente se han perdido.

Publicado en Alma Mater

miércoles, 19 de mayo de 2010

Hoy, en Fotografía





Algunas de las fotos publicadas hoy en Yuris Nórido-Fotografía...

Cojímar

Una calle de Cojímar, La Habana.

Un poeta llamado Gonzalo Rojas

En la poesía de Rojas no hay hojarasca, cada frase se recibe como esencia de vida. En la intimidad de su habitación, frente al libro abierto, el lector transitará por los caminos de la memoria, de la celebración intensa del amor y el erotismo, el misterio de la muerte… recreación de lo humano y lo divino. Gonzalo Rojas singulariza lo cotidiano, humaniza lo singular: devela sus fantasmas y sus obsesiones sutil o descarnadamente, sin que le importe demasiado si sus visiones son compartidas. No pretende convencer a nadie, no quiere catequizar. Solo deja constancia de su paso por el mundo, en el que bien pudiéramos reconocernos, o no. Cada verso es un mensaje. Pero todo el mundo no tiene que comprenderlo. De hecho, no todos los poemas son diáfanos, algunos parecen acertijos. A veces uno se pierde en la el laberinto de las palabras y deja escapar el sentido. Pero nadie ha dicho que la poesía deba ser fácil, a veces es preciso leer una y otra vez el poema, insistir para descubrir el misterio, descifrar su peculiar caligrafía. El premio es extraordinario: la revelación de una verdad. Gonzalo Rojas indaga en los miedos ancestrales del hombre, en sus angustias y sus alegrías. Su poesía habita en la tierra, es texto comprometido que puede llegar a ser denuncia, arma de combate. Pero nunca hace concesiones al panfleto. Un fino humor, que a veces roza lo popular, la recorre. Una imaginación fertilísima y un estilo cuidadoso y pulcro la sostienen. Nada nuevo ha escrito Gonzalo, porque nada nuevo puede escribirse. Eso de la originalidad –el mismo lo ha dicho una y mil veces- es una gran tomadura de pelo. La literatura es un juego constante de reinvenciones y el reverencia en cada poema a sus antecesores. Sabe que es heredero de una gran tradición y la honra. Gonzalo Rojas nos enseña que la poesía es tan del poeta como del lector. Un buen poema es un acto de amor. Y el amor siempre es cosa de más de uno. Su vocación se define en uno de sus poemas: Del aire soy, como todo mortal,/ del gran vuelo terrible y estoy aquí de paso a las estrellas,/ pero vuelvo a decirte que los hombres estamos ya tan cerca los unos de los otros,/ que sería un error, si el estallido mismo es un error,/ que sería un error el que no nos amáramos.

La antología Contra la muerte y otras visiones (Casa de las Américas), del poeta chileno Gonzalo Rojas, está a la venta en librerías. Foto: Internet

Pas de deux

Estudiantes de la Escuela Nacional de Ballet en una gala. Gran Teatro de La Habana. Abril, 2010.

Más fotos en Yuris Nórido. Fotografía

Martí no aró en el mar

Imágenes en el tiempo, 2003. Agustín Bejarano. Técnica mixta.

Ha querido el azar para gloria de este país que nuestro Héroe Nacional, el principal artífice de la independencia, el más prominente político, sea también uno de nuestros primeros poetas, literato de vanguardia, periodista genial, pensador preclaro. En José Martí coexistieron el hombre de ideas y el hombre de acción. El primero, expresión genuina de su talento y sensibilidad; el segundo, condición asumida desde la ética y el deber.
Resulta superficial la pretensión de establecer primacías entre una y otra vertiente de su legado, pues se funden orgánicamente en una trayectoria vital coherente y centrada, donde la vocación de servicio, el compromiso con el bien común, el ansia libertaria marcan todos los derroteros.
Algunos, admirados por las dimensiones y la valía de la producción literaria de Martí, se preguntan cuánto más hubiera hecho en ese terreno si no hubiera decidido dedicar sus mejores energías, sus mayores esfuerzos a la causa de la independencia de Cuba. Es casi imposible responder a esa pregunta: no solo por la inefable capacidad intelectual de José Martí, sino por el convencimiento de que su apostolado iría siempre más allá de las circunstancias.
En el caso de que se hubiera logrado la independencia, Martí se hubiera consagrado a otra causa que creyera justa, impostergable. Pertenecía a la estirpe de los hombres que ponen la suerte de sus conciudadanos, el mejoramiento de la sociedad, por encima de cualquier gloria y beneficio personal.
He ahí el principal valor de la obra martiana: es legado vivo. Siempre prefirió el estremecimiento del trabajo, del esfuerzo personal, del sacrificio y el empeño, a la placidez del creador que se evade, que crea mundos artificiales, que da la espalda -impotente o apático- a los problemas del mundo.
No significa que desdeñara la preponderancia del arte y el conocimiento en el enriquecimiento espiritual y material del género humano. Pero aspiraba a que la cultura fuera patrimonio de todos: la lucha por alcanzar ese sueño era para él la más enaltecedora misión humana.
Más allá de conjeturar sobre su posible alcance, nos es dable admirar la magnificencia de la producción literaria y periodística de Martí, aun en los casos en que se viera circunscrita a las demandas de la causa o la necesidad de sustento económico.
Dotó Martí a sus escritos de un vuelo que muchas veces superó la naturaleza del cometido. Su estilo elegante y sugerente, pletórico de recursos literarios, está presente hasta en las cartas aparentemente más insignificantes. El arte de escribir, más que oficio, era sacerdocio para José Martí. Lo cuidadoso de su prosa hace pensar en un escritor previamente convencido de la trascendencia de sus textos: aunque en realidad se trata de un hombre consciente del extraordinario poder de la palabra escrita, de la necesidad imperiosa de dominar sus infinitas posibilidades expresivas.
Martí es un estilista, un precursor: sin grandes aspavientos su literatura se revela ante las formas imperantes y se adentra sutilmente en territorios después explorados por los modernistas. Para algunos estudiosos, más que precursor, Martí es uno de los iniciadores de ese movimiento.
Es poeta de trazo sencillo y firme, frases precisas y profundas. La belleza del verso surge diáfana, natural, sin afeites ni artificios. Es bella la imagen y bella también la construcción de la frase.
Su universo poético abarca lo íntimo y lo mundano. A veces deviene diario personal, relación de sentimientos, ensoñaciones… A veces se recrea en el paisaje, deviene crónica de una época, alegato, himno.
Pero la poesía martiana trasciende el verso, pues es tal la hondura metafórica de la prosa, la eufonía de su composición, que un sencillo artículo periodístico deslumbra por su poder de sugerencia, la contundencia de sus imágenes, la una y mil formas de acercarse a un hecho, el juego de la palabra.
El periodismo de José Martí, su oratoria, su correspondencia, desbordan lo meramente funcional para convertirse en hechos estéticos: valen por lo que dicen y por la forma en que lo dicen. Pero esta excelencia formal no es nunca fin, sino medio. Es el espléndido continente de una ideología pródiga, en constante diálogo con sus contemporáneos y las generaciones sucesivas.
Martí se ocupó de los grandes retos de su época, es un hombre de su tiempo, pero su pensamiento siempre estuvo en la vanguardia: era, de cierto modo, un adelantado; aunque el sentido común le dictara muchas veces adecuar sus concepciones en pos de la unidad, de la vigencia de un proceso revolucionario no exento de contradicciones.
Es un visionario, pero no un adivino. Sus apreciaciones sobre el futuro de la América nuestra, del peligro del expansionismo imperialista de los Estados Unidos en el continente, su clamor de unidad entre los latinoamericanos, hoy tan necesaria como entonces, provienen de un estudio exhaustivo de su realidad, de un viaje a las esencias, más allá de manifestaciones circunstanciales.
Su decisión de asumir en carne propia los riesgos de la lucha armada, que desde la altura de más de un siglo pudiera parecernos un error estratégico, no obedeció a un aventurerismo irresponsable –como han querido ver algunos-, sino a la comprensión cabal del contexto histórico: los cubanos no seguirían en la lucha a quien no estuviera dispuesto a entregar su vida en la contienda.
La muerte prematura de José Martí en el campo de batalla privó a los patriotas cubanos de su guía más prominente en la difícil encrucijada de dos siglos. Es inútil aventurar teorías sobre su rol en la edificación de una república que sorteara voracidades imperialistas y mezquindades criollas. Muchos de los peligros que avizorara se manifestaron con desastrosas consecuencias para la independencia nacional. Algunos compañeros de armas ignoraron o subestimaron su testamento político.
Pero el legado ideológico de Martí –acrecentado por su leyenda personal- ha servido de plataforma a lo más auténtico y revolucionario del pensamiento nacional; ha encontrado lectores desprejuiciados y creativos. A 155 años de su nacimiento sigue ofreciendo lecciones magistrales de arte y política, de ética y compromiso. Martí no aró en el mar.

Publicado en Cubasí. Mayo de 2008.

Martí. 2009. Víctor Huerta Batista. Acrílico sobre tela.

JOSE MARTI IN THE CROSSROAD OF CENTURIES

Fortune has wanted for the glory of this country that our National Hero, the main author of Cuba’s independence, the most prominent politician, also be one of our first poets. A vanguard writer, brilliant journalist, distinguished thinker. In Jose Marti coexisted the man of ideas and the man of action. The first one a true expression of his talent and sensibility; the second one a condition assumed from ethics and duty.
It would be shallow the intention of establishing a priority between both trends of his legacy, because they come together in a lifework coherent and centered, where the vocation of service, the commitment with the common welfare, the freedom longings feature all courses .
Some people, admired by the dimensions and worth of Marti’s literary production wonder how much more he could have done in that field if he had not decided to spend his best energy, his greatest efforts to the cause of Cuba’s independence. It’s almost impossible to answer to that question: not only for José Marti's overwhelming intellectual capacity, but for the convincing that his calling would always go beyond circumstances.
If independence had been obtained, Marti would have committed to another cause he thought fair, inevitable. He was the kind of men who put his fellowmen’s luck, the improvement of society, above any glory and personal benefit.
There lies the main worth of Marti’s work: his living legacy. He always preferred the vibration of work, of the personal effort, of the sacrifice and industriousness, over the calmness of the creator who escapes and creates artificial worlds that turns his back -powerless or indifferent - to the problems of the world.
This doesn't mean he looked down the prevalence of art and knowledge in the spiritual and material improvement of mankind. But he wanted culture to be the patrimony of everyone: the struggle to reach that dream was for him the most righteous human mission.
Beyond speculating on its possible reach, we must admire the magnificence of Marti’s literary and journalistic production, even in the cases in which it was tied to the demands of the cause or the need of economic sustenance.

Muerte de Martí. 1998. Alicia Leal. Óleo sobre tela.