jueves, 30 de diciembre de 2010

Un poema (X)

Ni árbol de navidad
ni campanadas
ni doce uvas
(mi padre
que bebió un poco más de la cuenta
y se fue a dormir temprano)
ni guirnaldas de luces
ni botellas descorchadas
ni copas rotas contra la pared
(mi madre en la ventana
esperando que mi hermano regrese de una fiesta)
ni cerdos con manzanas en la boca
ni velas encendidas
ni regalos envueltos en papel de seda
(mi padre dormido
mientras le acaricio la cabeza)
el beso de mi madre
su abrazo cálido
afuera la gente da gritos de alegría.

Fachadas (XVI)

Ruinas del hotel Trocha, en la calle Calzada, esquina a 2. Vedado. La Habana.

martes, 28 de diciembre de 2010

Ay, la felicidad...


Ya sé que si le digo que el dinero no hace la felicidad, probablemente me responda, no sin cierta malicia, que la compra hecha. Pero no, usted sabe que no; usted sabe que felicidad y comodidad no son exactamente lo mismo aunque a veces se confundan, aunque a veces acoplen a la perfección. Ahora que se está acabando el año, y sin ánimos de emular con esos manuales de autoayuda que prometen arreglarnos la vida en un dos por tres, sería bueno que nos sentáramos a pensar en lo que hacemos o dejamos de hacer para ser felices.
Lo más importante es el amor. Perdónenme si les parezco cursi, pero así es: lo más importante es amar con todas las fuerzas, amar sin prejuicios ni cortapisas: amar y ser amado, he ahí la sal de la vida. Y si no le corresponden como usted quisiera, pues siga amando, ya verá cómo aparece su media naranja, su alma gemela. A que el mundo le parece distinto cuando se ha enamorado; a que una sonrisa de su hijo, una caricia de su amante, un beso de su padre pueden arreglarle el día.
Lo segundo es aprender a disfrutar de las pequeñas alegrías de la vida. Si usted cree que no hay felicidad eterna, sino solo momentos felices, pues entonces disfrute al máximo esos pequeñísimos momentos, acéptelos como si fueran un regalo divino, procúreselos cada vez que pueda: date el gustazo y trata de minimizar el trancazo, me dijo un día una amiga que, por cierto, casi siempre se está riendo.
Otro consejillo, si es que no se me va a poner bravo: sáquele provecho a los errores, a las malas experiencias, a los dramas de la cotidianidad. A vivir se aprende cada día. Lo que hoy le salió mal, mañana le puede salir mejor. Claro que hay tragedias y tragedias, a veces pensamos que la existencia ha dejado de tener sentido, pero incluso en los momentos más difíciles siempre se puede encontrar una salida. Si no puede solo, pida ayuda. Siempre hay alguien a quien nuestra felicidad le importa tanto como la suya propia.
Crea fervientemente en algo, aunque sea en su propio escepticismo. Una vida sin ideales es una vida sin rumbo. Ya sé que a veces miramos alrededor y no nos gusta lo que vemos, ya sé que a veces nos sentimos demasiado pequeños ante los grandes problemas del mundo. No piense que es del todo impotente: luche. Comience por su propio entorno, por su comunidad. Los grandes sueños de justicia y bienestar son siempre la acumulación de pequeños sueños individuales. Usted es parte de la sociedad, haga sentir su voz, contribuya a hacerla más armoniosa. Es muy probable que enfrente sinsabores (remítase, por favor, al consejo anterior), pero también sentirá la satisfacción de saberse útil.
Un último consejo: no se lleve tan recio, valore en su justa medida lo que ha logrado. No hay que ser conformista, pero tampoco patológicamente ambicioso, no sea que en el camino por cumplir todas nuestras metas nos olvidemos de disfrutar las que hemos ido alcanzando.
Ese de la felicidad es un tema tan tremendo que ahora mismo no sé por qué me atrevo a escribir todas estas cosas; será porque me las repito de cuando en cuando, sobre todo cuando me siento particularmente infeliz… Y para que vea, casi siempre me funcionan. A lo mejor a usted también le pasa. Y si no, mil perdones, haga como si no hubiera leído nada y siga viviendo a su manera.
Cada quien con su librito, muy bien que lo dice el refrán.

Publicado en Trabajadores, diciembre de 2008

En bambalinas


Bailarines de la compañía Rosario Cárdenas en el teatro Terry, de Cienfuegos.

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lunes, 27 de diciembre de 2010

Audífonos


Lo de los audífonos es una renta, qué facilidad tienen para romperse, para dejar de escucharse por un lado y así, por lo menos yo, mal acostumbrado a las embriagueces del sistema estéreo, no estoy capacitado para disfrutar una canción. Perdonen que les hable de un tema tan baladí, pero es que se me acaban de romper los cuartos audífonos en tres meses y estoy algo disgustado, porque la verdad es que bastante caritos me salieron, yo suponía que me fueran a durar un poquito más.

Pensándolo bien, el tema no es tan baladí, si se tiene en cuenta la cantidad de personas que ahora mismo van por la vida con los audífonos puestos. Es algo que asusta, porque un par de audífonos conectados a un reproductor de sonido, a un radio, a lo que sea, son como una barrera, una manera de irse del mundo, de meterse en otra dimensión. O sea, que puede estar cayendose todo a tu alrededor y tú como si nada, escuchando a Shakira o a Enya.

He leído una y otra vez que los audífonos, particularmente aquellos que se insertan en el interior del oído, son bastante nocivos, que su uso constante puede tener graves consecuencias para la salud. Lo he comprobado en oído propio, pues de un tiempo a estar parte, cuando me los quito, me queda como un zumbidito. Me han recomendado que use un modelo menos invasivo, de esos que se enganchan en las orejas. Estoy buscándolos como cosa buena, pero no encuentro algunos lo suficientemente discretos como para no parecer un extraterrestre cuando me monte en el P-11, porque les confieso que a estas alturas, con tanto calor y tanta gente, ya no puedo montarme en un P-11 sin tener un par de audífonos que me salven del sinsabor y el tedio.

Les comento todo esto porque a lo mejor a ustedes les pasa lo mismo, uno se acostumbra a una cosa y después cuestan Dios y ayudan perder el vicio. Ahora que se me han roto los audífonos, siento una frustración que no puede ser normal, teniendo en cuenta que viví durante tanto tiempo sin necesitarlos.

He estado pensando en hacerme una cura de caballo, dejar de usarlos de golpe y ver qué pasa. A lo mejor mejoran mis relaciones personales, mi nivel de información, quién sabe cuántas conversaciones interesantes e instructivas me perdí por estar pegado a un par de audífonos.

En lo que me decido, y para no perder el tiempo, voy a seguir buscando unos nuevos, que no sean tan caros. Si saben algo, me cuentan…

Publicado en Alma Mater

Bustos (IV): Mercedes Matamoros

Busto de Mercedes Matamoros, Ofelia, 1858-1907, "la desventurada cantora del dolor". Paseo del Prado, Cienfuegos.

José Raúl Mazorra, bailarín

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Cementerio Tomás Acea, de Cienfuegos



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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Dora Alonso, cien años

Encontrar constantes en la prolífica producción de Dora Alonso (1910-2001), podría resultar trabajoso. Pero en su caso casi siempre es evidente un fino sentido lúdico (a veces francamente irónico), un singular ejercicio de la síntesis, la diafanidad del estilo, y una sutileza metafórica que se guarda mucho de ser pedante. Para ella era importante la peripecia, asumida como armazón de su edificio literario. Pero es en la sutil caracterización de sus personajes (para hacerlo no necesita más que una pincelada) donde habita la poesía. Dora bebió de nuestra tradición mestiza y la devolvió en historias en las que la magia se confunde con la maravilla de la cotidianidad. Fue una gran cronista del campo cubano, en sus dos dimensiones: la vida “real” y ese trasfondo de leyendas y criaturas sobrenaturales que la complementan. Dora Alonso ha trascendido como nuestra más importante escritora para niños, pero su obra nos acompaña a todos.

martes, 21 de diciembre de 2010

Alicia entre nosotros

Alicia está aquí para recordarnos que la belleza es la magia del mundo. Está entre nosotros para dar testimonio del poder extraordinario del trabajo diario, del esfuerzo y el amor. La estatura del hombre es la de su obra: Alicia es grande entre los grandes porque se ha entregado a un sueño y lo ha hecho cierto, tangible. Cuando la vida le puso obstáculos —y le puso muchos—, ella prefirió seguir adelante. Su extraordinario amor por la danza venció enfermedades y prejuicios. Cuando recibió ingratitud e incomprensión, fue paciente y sabia. Ante la indignidad y el atropello: valiente, batalladora. Ante la adulación, prudente. Sabiéndose universal, se enorgullece sobre todo de ser cubana. Pudo haber tenido gloria en cualquier parte del mundo, pero eligió alcanzarla entre los suyos, haciendo honor a la gran tradición de la cultura nacional. Alicia es nuestro orgullo, porque ha escrito el nombre de Cuba en la historia del ballet universal. Porque ha sido semilla y fruto. Porque en días difíciles, cuando el horizonte era gris, ella bailaba Giselle en el Lorca y los que tenían la suerte de verla sentían que, después de todo, había esperanza. Porque es maestra ejemplar, ciudadana comprometida. Porque es una de las más grandes bailarinas de todos los tiempos. Alicia Alonso, artista nacional, ha cumplido 90 años. Es su fiesta y la de todos los que la admiramos, los que sentimos el inefable privilegio de tenerla entre nosotros.

Publicado en Cubasí

En la imagen: Alicia Alonso en La Diva, Maria Callas in Memoriam, ballet de Alberto Méndez. Foto: Alicia Sanguinetti.

Una entrevista exclusiva en Cubasí

lunes, 20 de diciembre de 2010

Cantando con Teresita

Si es verdad (y verdad parece que es) que los niños son el mejor público, el más agradecido, el que más se compromete con la obra que les está destinada… entonces Teresita Fernández debe ser una mujer feliz. Al menos puede vanagloriarse (algo que ella, en su infinita modestia, no suele hacer), puede sentirse orgullosa de que generaciones completas de niños hayan cantado sus canciones. Porque es imposible haber nacido y crecido en Cuba, en el último medio siglo, y no haber cantado alguno de sus muchos y muy hermosos temas. Teresita es la trovadora de los niños. Y también de los que dejaron de serlo y de cierta manera lo siguen siendo cuando escuchan nostálgicos sus canciones. (No olvidemos, sin embargo, esa otra vertiente de su obra, sus inspiradas canciones de amor). Teresita comprendió que los niños son sensibles a la poesía, y sus canciones trascienden la simpleza y la superficialidad. Por eso crecemos y seguimos emocionándonos con ellas. Teresita no se conformó con sencillos sonsonetes, y prodigó hermosas melodías. Teresita, buena maestra, ha sabido siempre que la letra con buena música entra. Ahora que cumple 80 años, puede mirar atrás y ver cómo ha florecido todo lo que ha sembrado. Pero ella, en todo caso, siempre ha preferido mirar adelante. Esa, parece decirnos, es la verdadera fuente de la eterna juventud.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Niemeyer y la curva

En los 103 años del gran arquitecto brasileño.

Oscar Niemeyer decidió rebelarse contra la línea recta, tan opresiva, tan conservadora, tan formal... y se lanzó a reconquistar la curva. La curva es vida, miren si no la barriga de una mujer embarazada. La curva es naturaleza hermosa, fíjense en el pétalo de una flor. La curva es la fuerza de los elementos, ¿han visto las velas de un barco en la tormenta? Oscar Niemeyer quería que la arquitectura se pareciera a la vida, a la naturaleza y sus elementos. Y entonces inventó edificios maravillosos, acariciantes, sugestivos... Edificios que, más que servir de escenario, parecen acompañarnos en la aventura.

En la imagen: Museo Oscar Niemeyer, en Curitiba. Fotos tomadas de Internet.

Fachadas (XV)

Catedral de La Habana.

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lunes, 13 de diciembre de 2010

Libros y alucinaciones: Lezama cumple un mandato

“Tú tienes que ser el que escriba”, le dijo su madre a José Lezama Lima niño, un día en que la familia jugaba a los yaquis en el patio de la casa; minutos antes, todos habían reconocido, en el “dibujo” que formaron las piezas al caer al suelo, el retrato del padre muerto. La anécdota revela, quizás, los detonantes de un universo creativo: la imagen que de alguna forma se impone a la muerte, que eterniza un impulso pues lo redime del mundo ordinario; la imagen como posibilidad múltiple, encrucijada de significaciones, gestora de sentidos, guardiana de sus esencias… Ese día Lezama recibió un mandato que los años irían perfilando. Las circunstancias, aun las más dolorosas, no dejaban de ser propicias: el niño era enfermizo, sufría crisis de asma —que lo acompañaron siempre—, se veía recluido con mucha frecuencia al espacio doméstico, el lugar donde habitaban los recuerdos, los fantasmas familiares —el padre entre ellos—, el peso retador de una saga de la que se sentía depositario. Las lecturas hicieron el resto, pues la literatura participa de la misma sustancia de los sueños. Libros y alucinaciones fueron cultivando una sensibilidad que eclosionaría después en “abundante noción”, en “expresión borbotante”, al decir de Juan Ramón Jiménez. Pero no podemos asumir que para Lezama la imagen, la ensoñación constituyeron simples sucedáneos. Más que de sustituir un mundo se trataba de completarlo (tarea infinita), de descubrir (vislumbrar, inventar) las mil y una divergencias de las cosas. Por eso en su poesía triunfa el verbo sobre el adjetivo. Es poesía de la acción, que discurre, eso sí, en un tiempo que no es el nuestro (a no ser que lo conquistemos), en un espacio mítico que se erige en segunda naturaleza. La poesía, parece decirnos Lezama, no está en las cosas. Las cosas están en la poesía. Asistimos entonces a la naturalización de lo maravilloso, que es un ejercicio arduo, misterioso y cuajado de ardides, un “juego” que resiste muchas veces nuestra comprensión, pero que nos tienta con una promesa de libertad.

Fragmento de un artículo publicado en Trabajadores.

jueves, 9 de diciembre de 2010

En el Festival de Cine: Afinidades

No abundan las películas como esta en el cine cubano: historias de cámara, con pocos personajes y sin grandes despliegues. Afinidades, de Jorge Perugorría y Vladimir Cruz, comulga con una tradición más bien europea. Se trata de un filme centrado en los pequeños dramas de la existencia, en el cotidiano devenir de la gente común. Dos matrimonios viajan a un remoto y solitario centro turístico para jugar un juego siempre peligroso: el intercambio de parejas. La película se ocupa de acompañarlos en una aventura pletórica de contradicciones, dilemas éticos y morales, reflexiones sobre la felicidad y el contexto social, sexo, decepciones y sorpresas. Bueno, sorpresas la verdad es que no tantas, al menos para el espectador, porque Afinidades es desde el principio una película bastante previsible: mucho se ha repetido la fórmula como para que queden caminos sin transitar. Lo interesante podría ser la manera en que se inserta el discurso "filosófico-psicológico-sociológico" en este entramado de relaciones. Por momentos convence, gracias en alguna medida a la organicidad de los actores y a la diafanidad de la puesta (cuidadosa y sugerente). Pero esa evidente vocación de "filosofar" también pone en riesgo la densidad de la historia: la involuntaria obviedad y la elementalidad de algunas disquisiciones y metáforas, en boca de los protagonistas, nos hace pensar en ocasiones que el filme promete más de lo que puede ofrecer; termina siendo pretensioso. Algo que se redondea con la explicitación o el subrayado de ciertos símbolos. A Afinidades, por otra parte, le falta riesgo. Si se supone que el sexo desempeña un rol primordial, catalizador en la historia, ¿por qué uno siente que está asumido con demasiadas cortapisas?

Publicado en Cubasí.

martes, 7 de diciembre de 2010

En el Festival: Del amor y otros demonios

Al versionar Del amor y otros demonios, la costarricense Hilda Hidalgo ha querido ser bastante fiel a la novela homónima de Gabriel García Márquez. Buena decisión, teniendo en cuenta la pasión y el celo que derrochan los muchos seguidores de la obra del gran escritor colombiano. Al asumir la arriesgada empresa de recrear una de esas célebres historias, Hidalgo ha apostado también por la contención y la prudencia, algo difícil, pues el universo literario "graciamarquiano" propende al frenesí creativo. Desde el punto de vista de la dirección de arte, la película cubre las necesidades de una historia en la que la atmósfera tiene un rol casi protagonista. Es una puesta minimalista, cuidada hasta el detalle. La fotografía se regodea en planos de indiscutible belleza, de armoniosa composición. La banda sonora aprovecha hasta el máximo el sonido ambiente. Las actuaciones tienden a cierta introspección... Pero, cuidado, porque llega un momento en que por el afán de belleza y plasticidad se descuida el entramado narrativo. Da la impresión a veces de que la realizadora está demasiado ocupada en que su película sea hermosa.

domingo, 5 de diciembre de 2010

En el Festival: Besouro

La filmografía latinoamericana no ha sido pródiga en cintas de artes marciales, así que sorprende la brasileña Besouro, ópera prima del director Joao Daniel Tikhomiroff que concursa en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Y sorprende, sobre todo, por la absoluta falta de complejos con que el director asume lo que ya ha devenido casi un formato: las coproducciones asiático-hollywodenses en las que las escenas de combates están exquisitamente coreografiadas y en las que abundan los ralentis, la edición trepidante y la musicalización grandilocuente. El rol que en aquellas cintas desempeñan las leyendas y ritos orientales, lo asume aquí la no menos rica tradición afroamericana, poblada de deidades. Y en lugar de kung-fu, capoeira. El resto es repetición de fórmulas, con bastante buen nivel técnico (muy logrados casi todos los efectos especiales), pero sin que llegue a cuajar del todo la sustancia dramática. De hecho, la película adolece de cierta superficialidad en la construcción de los personajes. Tampoco pudo evitarse el pintoresquismo a la hora de recrear el folclor. Aunque el propósito es mezclar testimonio con misticismo y leyenda, sin delimitar ámbitos, el espectador menos informado puede llegar a extraviar los referentes históricos. Besouro, eso sí, convence por la espectacularidad de sus demostraciones de capoeira, una expresión que ha devenido patrimonio cultural brasileño.

En el Festival de Cine: Drama

De los muchas veces difusos límites entre la realidad y la representación se ocupa Drama, filme chileno dirigido por Matías Lira y que compite en el apartado de Óperas primas del XXXII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Tres estudiantes de teatro asumen sus ejercicios de clase como auténticas experiencias vitales, creen que si no experimentan en carne propia lo que después representarán sobre las tablas, sus desempeños carecerán de fuerza y verosimilitud. La mesa está servida: ¿hasta dónde llegar? Si el espectro de emociones y circunstancias que puede asimilar el teatro (el arte todo) es tan amplio como el de la vida misma, ¿cómo estar a salvo de experiencias devastadoras? Así de veleidoso es el juego de la representación: muchas veces se torna arma de doble filo. Lo que comienza siendo casi un juego, muy pronto se escapa de las manos. ¿De verdad estamos preparados para recibir un golpe por amor al arte? ¿De verdad creemos que no tendrá consecuencias? Con una puesta francamente teatral, por momentos “performática”, cargada de símbolos y referencias, Drama habla de la teatralidad de la vida y de la vitalidad del teatro.