martes, 25 de enero de 2011

Bustos (VI): Ramón Emeterio Betances

Ramón Emeterio Betances (1827-1898), "Padre de la Patria Puertoriqueña". En el Parque de la Fraternidad de La Habana.

Un aventurero llamado Jack London

Japón, Corea, Alaska, las islas del Pacífico, Siberia, Londres: los escenarios de las historias de Jack London son los de su propia vida, tan llena de peripecias como sus cuentos y novelas. Él encarna el paradigma del escritor que escribe porque ha vivido intensamente, porque ha sentido en carne propia la alegría y el miedo; porque se ha expuesto a los mismos peligros y ha disfrutado de las mismas emociones que sus héroes literarios; porque ha sido mendigo y caballero. Jack London era una criatura singular, sorprendente e inclasificable. Un romántico, un soñador, un inconforme… A su biografía hay que acercarse sin prejuicios, poniendo por delante el amor a su obra inmensa y apasionante. Se entregó a sus libros con la misma intensidad con que vivió: 41 años que pasaron como un relámpago, exuberantes y estremecedores.

La biografía Jack London, la atracción de la aventura, de la norteamericana Shannon Garst, está a la venta en las librerías cubanas, publicada por la editorial Gente Nueva.

Una reseña en Cubasí...

martes, 18 de enero de 2011

Dylan Thomas, poeta maldito

Dylan Thomas (1914-1953) pertenece a esa inmensa legión de escritores incomprendidos, relegados o hasta francamente rechazados por muchos de sus contemporáneos pero a los que el tiempo termina por hacer justicia. Sus 39 años le alcanzaron para publicar algunos libros de poesía, escribir guiones para la radio y el cine y sobre todo, vivir dramática, desenfrenadamente, hasta el punto de que su vida privada ha trascendido tanto como su itinerario poético. Mostró desde su niñez un talento peculiar para las letras. Abandonó los estudios para dedicarse al periodismo. Pero su pasión por la poesía, por ver publicados sus versos lo incitó a emigrar a Londres, donde editó su primer libro: 18 poemas. De inmediato aglutinó a un selectísimo grupo de admiradores, rendidos ante la peculiaridad de sus imágenes, la fuerza de su verbo, la singular belleza de sus metáforas. Su poesía resultó sin embargo demasiado críptica para muchos, pues se interna en un universo onírico, metafísico, que contrasta con el énfasis en lo social de varios poetas de su época. Dylan Thomas hace pedazos la imagen más inocente del poeta: la pobreza, la frustración, la debilidad, su afición incontrolable al alcohol, lo conviertieron en asiduo de tabernas donde se embriagaba hasta la médula mientras escuchaba anécdotas e invenciones de parroquianos tan borrachos como él. El alcoholismo fue en buena medida responsable de su muerte prematura. Algunos han querido ver en sus monumentales borracheras el origen de sus más delirantes y extraños poemas.

Arte y Literatura publicó hace algún tiempo la selección Y la muerte no tendrá dominio, que incluye textos de Thomas traducidos por el poeta cubano Omar Pérez. Se vende en librerías.

lunes, 17 de enero de 2011

Villena mártir


Rubén Martínez Villena andaba con la muerte a cuestas. Podía adivinarla, tocarla casi, sentirla anidando en sus pulmones, creciendo lenta, implacable. Rubén sabía que más temprano que tarde la muerte lo cubriría todo con hermético misterio. Tenía tuberculosis, que es como tener mil manos apretando dentro del pecho; dolor que desgarra y ahoga, tortura indescriptible. Vivió sus últimas horas en el sanatorio La Esperanza, donde era atendido con especial esmero por su amigo, el doctor Gustavo Aldereguía. No perdió nunca su sentido del humor, la intrepidez de tutearse con la enfermedad: después de rebasar un fuerte ataque de disnea le ofrecieron un melocotón. Lo aceptó sonriendo: “vale la pena comerse un melocotón antes de morir”. Tuvo fuerzas también para jugar una partida de ajedrez. Y cuando Aldereguía vino a visitarlo, a eso de las dos de la madrugada, estuvieron hablando un rato sobre la situación nacional, complicadísimo panorama de inestabilidad política, convulsión social, huelgas, levantamientos, incertidumbre. Unas horas antes de morir, sin preocuparse en lo absoluto por su estado físico, Rubén Martínez Villena seguía siendo protagonista activo de su tiempo. A las cuatro y media de la mañana, según reseñó el matutino Luz en su edición del día siguiente, la muerte venció. Después de otro ataque de disnea, más intenso que todos los demás, dejó de existir el poeta de exquisita sensibilidad, el hombre de acción, el hijo y esposo amantísimo, el martiano y marxista, el organizador de los obreros, el cubano honrado e íntegro, Villena mártir.

Fragmento de un artículo publicado en Trabajadores.

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domingo, 16 de enero de 2011

Chopin en La Habana

Escultura del célebre compositor y pianista polaco Fryderyk Chopin (1810-1849), recientemente ubicada en la Plaza de San Fracisco; La Habana.

Entre mitos y leyendas

La editorial del Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, publicó hace algún tiempo su Catauro de seres míticos y legendarios en Cuba, un diccionario comentado donde se describen algunas de las criaturas de la cosmovisión del cubano. Apariciones fantásticas, criaturas sagradas o mitológicas, personajes históricos que devinieron leyendas llenan las más de 500 páginas de este volumen, preparado por Manuel Rivero y Gerardo Chávez. Ha sido una labor paciente y rigurosa de varios años, en los que los autores recopilaron y cotejaron información, testimonios y referencias bibliográficas sobre fabulaciones y mitos que en la mayoría de los casos, se remontan a las culturas de las etnias y pueblos que desembarcaron en la Isla y se fundieron en una nación. Recomendable.

Ilustración tomada de la revista electrónica Esquife.

Floral

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jueves, 13 de enero de 2011

Don Quijote cabalga

Escultura de Don Quijote, en el parque de 23 y J, el Vedado, La Habana.

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Un poeta llamado Bertolt Brecht

Como si su inmensa obra dramática, una de las más relevantes del siglo XX, no bastara para asegurarle la eternidad, Bertolt Brecht fue uno de los más grandes poetas alemanes de su tiempo. La editorial Arte y Literatura publicó hace algún tiempo una antología de poemas del célebre escritor, traducidos por Olimpia Sigarroa a partir de una selección de Víctor Casaus. Brecht no fue un poeta de gabinete, de personalísimas y egoístas ensoñaciones: buena parte de su obra está consagrada a la aspiración y la lucha por un mundo mejor. Hay poemas que devienen crónicas estilizadas pero perfectamente reconocibles de una realidad polémica, cautivadora, desafiante. Brecht no divorcia al arte de la responsabilidad civil del artista. Entiende el hecho poético como un aporte a la cultura y la espiritualidad de su pueblo. Y cuando el verso tiene que ser denuncia, lo es sin cortapisas. Por eso su obra sigue siendo testimonio palpitante de un siglo marcado por traumas profundos: la guerra, la injusticia social, el exilio. La capacidad de denuncia está aparejada a la excelencia formal, al altísimo vuelo de textos recorridos por una fina ironía, un lenguaje diáfano, y sobre todo, una avasalladora fuerza expresiva.

Bustos (V): Abraham Lincoln

Busto de Abraham Lincoln (1809-1865), decimosexto presidente de los Estados Unidos, en el Parque de la Fraternidad de La Habana.

martes, 11 de enero de 2011

Mercedes

Cada vez que nos encontrábamos, Mercedes Santos Moray y yo conversábamos de lo humano y lo divino, largamente, sin apuros... Fue una de mis compañeras de equipo cuando, recién graduado, comencé en la redacción cultural de Trabajadores. Tenía fama de ser una mujer de caracter fuerte, díficil. Y en buena medida lo era, pero nunca hubo un desencuentro entre nosotros. Diálogo sí, siempre, y enriquecedor, interesante... En una de esas conversaciones, Mercedes me dio un consejo que he tratado de seguir todos estos años: respeta tu propia firma, no pongas tu nombre al pie de algo que consideres mediocre, ni propio ni ajeno... Después de que se jubiló (aunque siguió escribiendo en casa con un ritmo casi frenético), iba a visitarla de cuando en cuando. Muy de cuando en cuando, en realidad. Iba por diez minutos y terminaba quedándome más de una hora, Mercedes siempre se las arreglaba para tentarme con una nueva historia. Cada vez que le publicaban un libro, me obsequiaba un ejemplar con una cariñosa dedicatoria. Fui su editor, casi hasta el momento de su muerte, en el portal Cubasí. La convencí de que escribiera una columna sobre la obra de José Martí, de quien era devota estudiosa. Mercedes la asumió con pasión y responsabilidad ejemplares: nunca la entregó a destiempo. Martí era, precisamente, uno de nuestros temas de conversación más habituales. Siempre le interesó más el ser humano que el mito. Un día me dijo algo que recordaré siempre: solo el que conozca al hombre que era Martí, incluso con sus imperfecciones, podrá valorar en plenitud su obra inmensa. Gracias, Mercedes, por cada minuto de enseñanza.

Mercedes Santos Moray (1944-2011). Narradora, ensayista, crítica, poetisa, investigadora.

Sinfonía urbana

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jueves, 6 de enero de 2011

Morir en Venecia, morir con Venecia

¿Y si todo fuera ilusión, delirios de un alma demasiado tiempo amordazada? ¿Y si Tadzio en realidad no le hubiera sonreído? ¿No sería que Gustav von Aschenbach necesitaba que el bello adolescente sonriera; que le otorgara, solo con ese gesto, una razón de ser y estar, un lugar en el mundo? ¿De verdad se puede adorar lo bello sin intentar poseerlo? ¿Adorar lo bello es poseerlo? ¿Qué decían los filósofos griegos? ¿Por qué Aschenbach se escuda en los griegos? ¿Por qué Thomas Mann “castiga” a Aschenbach? ¿Dónde estaba su culpa? ¿En amar? ¿En no haber amado? ¿Por qué la peste? ¿Por qué Venecia? ¿Se hundirá Venecia, después de todo?

La novela Muerte en Venecia, de Thomas Mann, será presentada en el Sábado del Libro (8 de enero, 11:00 a.m., Calle de Madera, Plaza de Armas, La Habana Vieja).

martes, 4 de enero de 2011

Tarjas

No puedo evitarlo, cada vez que encuentro una tarja en mi camino me detengo a leerla, una y otra vez. “Aquí nació…” “Aquí murió…” “Aquí radicó…” “Desde este lugar partieron…” Acabo de regresar de un corto viaje a Cienfuegos y buena parte de mis paseos los dediqué a ir leyendo tarjas, que en esa ciudad abundan, es más, creo que sobreabundan, pues algunas se referían a acontecimientos o circunstancias relativamente menores. Pero bueno, una tarja nunca está de más, sobre todo en una ciudad con tanta vocación historiográfica (en la base de uno de los muchos monumentos del Prado se lee: Cienfuegos honra a sus próceres). Las tarjas son, en definitiva, como páginas sueltas de un libro de historia, perdonen la obviedad del símil. No bastan para comprender el contexto, la consecución de acontecimientos, las consecuencias de un hecho… pero lo fijan en la memoria colectiva (al menos de los que una y otra vez le pasan por el lado) a la manera de los pequeños apuntes que hacíamos en nuestras libretas de clase.
En La Habana también hay muchas tarjas. Algunas, incluso, se remiten a tiempos de la colonia. Otras son de la etapa republicana. Y las más se erigieron en el último medio siglo, obras de un justo afán reivindicativo. La historia de la ciudad pudiera contarse por sus tarjas, si es que alguien tiene la paciencia de ir fotografiándolas una por una y armando un riguroso orden cronológico. Y no solo la “gran historia”, sino también esa que se nos ha ido olvidando: personajes y pasajes que han sucumbido a la jerarquización inevitable y necesaria, o a la ingratitud.
Las tarjas cuentan también otra historia, implícitamente: la de la decadencia de un oficio: precisamente el de hacer tarjas. Si algunas de las más añosas deslumbran por su elegancia, por su cuidado del detalle, muchas de las más recientes parecen cosa de salar y matar. Uno llega a preguntarse si de verdad alguien pensó que con semejantes chapuzas se puede rendir homenaje a algo o alguien.
Es triste, pero mucho más triste es comprobar que las paredes que sostienen algunas tarjas están a punto de caerse. Lugares donde alguien (importante, esencial) nació, vivió, murió, amó; sitios fundacionales, de triste o alegre recordación… Tarde temprano se irán abajo, por el peso de los años, o la impotencia, o la desidia. Y con ellos, obviamente, caerán las tarjas, que habrán acabado en el acto su cometido, porque son de esas cosas que por sí solas no significan nada. Como las páginas sueltas de un libro, ya lo he dicho.

Publicado en Alma Mater

En el Cementerio de Reina, Cienfuegos





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domingo, 2 de enero de 2011

Sinfonía inconclusa

Escucho, el primer día del año, la Sinfonía No. 8, "Inconclusa" de Franz Schubert. Nunca sabremos con certeza por qué no la terminó nunca. Algunos piensan que se debió a cierto trastorno mental, que lo hacía abandonar muchas creaciones sin razón aparente. Pero la mayoría de los historiadores de la música creen que sencillamente no estaba satisfecho con lo que había compuesto. Hoy escuchamos esos dos únicos movimientos, y nos parece difícil que a alguien, incluido al propio Schubert, pudieran parecerle irrelevantes. Tengo una teoría distinta: quizás Schubert no dio con el movimiento adecuado para concluir su obra, y fue posponiendo el asunto hasta que ya no le quedó tiempo para posponer. Por suerte, sí lo tuvo para entregarle los manuscritos a su amigo Hüttenbrenner, quien los tuvo guardados en un cajón nada menos que cuarenta y tantos años, hasta que por fin decidió pasárselos al director de orquesta Johann von Herbeck, quien en diciembre de 1865 dirigió en Viena el estreno de la música. La sinfonía, por más que esté incompleta, hoy está considerada una obra maestra. Solo por si acaso, aprendan la lección: que no les dé a ustedes por botar a la basura cualquier cosa que hayan comenzado y no sepan cómo terminar. Déjenles ese trabajo a sus amigos.

Franz Peter Schubert, compositor austríaco (1797–1828).

De la serie Floral

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