martes, 29 de marzo de 2011

Cada uno goza con lo que le gusta

Estoy columpiándome con mi tía cuando escuchamos las carcajadas de sus vecinos. "Esa gente siempre está contenta", le digo. Mi tía se encoge de hombros: "Y eso que le deben a las once mil vírgenes. Imagínate, que hace un tiempo todos tenían cadenas de oro. Las vendieron para comprar un cochecito, pues una de las muchachas parió. A las pocas semanas vendieron el coche para comprar un DVD. Después vendieron el DVD para comprar una batidora. El otro día encargaron muebles nuevos. No sé qué negocio hicieron que volvieron a comprarse cadenas de oro. El caso es que no hace ni una semana que vino un carro y se llevó los muebles nuevos y el refrigerador... Y así y todo, hay que ver lo bien que la pasan. ¡Y yo con todos mis muebles y mira lo poco que me divierto!"

domingo, 27 de marzo de 2011

Dios es amor

Esto me lo contó mi padre: "Tendría diez u once años y vivía en Santa Clara. Me quedaba en el cuarto de una tía que apenas tenía para darnos de comer a mí y sus hijos. Tenía que buscarme la vida a como diera lugar. Me pasaba el día en la calle, inventado. Una tarde, muerto de cansancio, me senté a descansar en el borde de un portal. Al poco rato salió la dueña de la casa y comenzó a gritarme. Me llamó mataperros, sucio, delincuente... Me botó a escobazos... Desde la acera me fijé en el letrero que tenía puesto sobre la puerta: Dios es amor. Con el tiempo, se me ocurrió que debía escribir mis memorias. Y ese sería precisamente el título: Dios es amor. Obviamente, ya no las voy a escribir. ¿Podrías tú hacerlo por mí?"

viernes, 25 de marzo de 2011

Guarapo

En Violeta, mi pueblo, han abierto una nueva guarapera. Como me encanta el guarapo, vi los cielos abiertos, pero ni una sola vez la encontré abierta. Mi hermano me saca de dudas: "Es que cuando tienen caña, no tienen hielo. Cuando tienen hielo, no tienen caña. Cuando tienen caña y hielo, no tienen personal. Cuando tienen caña, hielo y personal, no tienen electricidad..." Al establecimiento le han puesto un nombre de reminiscencias norcoreanas: "Esfuerzo decisivo".

viernes, 18 de marzo de 2011

Amor tremendo

Una señora nos pasa por el lado contándole a una amiga que el compañero de trabajo de su marido se ha enamorado de él. Parece bastante molesta.
-¡Tú sabes cómo es el amor de maricón!
Como la otra quiere detalles, la señora explica.
-Es que ahora lo que se usa es la bisexualidad. Eso está en la calle al tolete. Son hombres que lo mismo tienen una mujer que un marido. Y como si nada...
-¿Y el compañero de trabajo de tu marido es bisexual?
-Mi marido dice que sí. Pero yo creo que no. Yo creo que todo eso es pura mariconería. Y por eso me preocupo más. ¡Porque tú sabes cómo es el amor de maricón! ¡El amor de maricón es tremendo!

jueves, 10 de marzo de 2011

Hoy no hay foto

Que va, no puedo fotografiar ancianos. Mi amigo M. sí puede, y logra retratos conmovedores. Pero a mí me hace demasiado daño la imagen de un viejo melancólico... Esta mañana, rumbo al trabajo, encontré a uno sentado en un quicio. Tenía la mirada perdida, su perfil se recortaba en la perspectiva de la calle. Una buena foto. Preparé la cámara, pero entonces el viejo me miró con sus ojos tristes. Me turbé. Balbuceé una excusa. No pareció importarle demasiado; es más, me sonrió, como invitándome a hacer la foto. Pero ya no pude. Me puse a fotografiar edificios.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Con Mozart en un almendrón

Esto es, por lo menos, inusual: me subí a un auto de alquiler, a un almendrón, y en vez de reguetón, de melosas baladas, de música tecno, el chofer estaba amplificando música clásica. Mozart, me pareció; la Sinfonía No. 40, terminé por identificar... No sé si se trataba de un disco o sencillamente de una emisión de CMBF Radio Musical Nacional. El caso es que estaba sonando Mozart. Por lo demás, nada raro: el conductor con barba de tres días y gorra de los Yankees de Nueva York, los pasajeros variopintos, el carro destartalado y traqueteante... Si hubiera sido menos tímido, algo hubiera dicho, pero sencillamente me abandoné a la experiencia. Frente al Acuario se bajó una de las pasajeras -short cortísimo, plataformas, enormes gafas-, le pagó al chofer con un billete de 1 CUC y le soltó no sin cierto hastío: "Papi, cambia el repertorio. Me tenías dormida con esa musiquita".

lunes, 7 de marzo de 2011

Prestado

Este Picasso de 1932 es el cuadro más caro del mundo*, 81 millones de euros le costó hace unos meses a un anónimo coleccionista. Desde ayer está expuesto en la Tate Modern de Londres, gracias a la generosidad de su dueño. Desnudo, hojas verdes y busto, así se llama. La desnuda es Marie-Thérèse Walter, amante que fue de Picasso; el del busto, es el propio pintor. A mí, la verdad, me gusta. Pero sospecho que a muchísima gente no le parezca nada del otro jueves. Cuando se enteren, si se enteran, se preguntarán lo de siempre: ¿cómo es que alguien puede llegar a pagar tanto por algo así? O esto otro: ¿no será lo mismo colgar una buena reproducción y ahorrarse el dinerito? A algunos de nosotros nos enervan esos comentarios, por más inocentes y superficiales que nos parezcan. Es que, después de todo, son de una lógica incontestable. Ahora mismo, mal que bien, estoy viendo el cuadro. Y si me lo propongo, puedo verlo todas las mañanas. ¿Y después?
Ni se molesten en contestarme. Tampoco es que me sobren los millones...

* De los que pueden venderse, no faltara más.

Foto: AFP

La gallega

Me acordé ahora, así de pronto, de La gallega, una vecina de mis abuelos, de edad indeterminable. Creo que nunca supe su verdadero nombre, como tampoco supe por qué la llamaban así. Vino dando tumbos desde Oriente, buscando, decía, "una vida más vida". Total, que hasta el día en que se murió siguió siendo muy pobre. Un día me pidió que le leyera un recado que le habían dejado en casa: "es que no traigo los espejuelos". Al rato me dijo que qué espejuelos ni qué espejuelos, que el problema era que ella apenas sabía leer. Me le quedé mirando un rato hasta que por fin le dije: ¿quieres que te enseñe? (de verdad no estaba seguro de poder con la empresa). La gallega se encogió de hombros: "¿para qué?, creo que ya estoy cerrada de entendederas. Pero para que veas que no soy tan bruta, te voy a recitar una poesía". Y me declamó, de arriba a abajo, y sin equivocarse en ningún verso, Los zapaticos de rosa.