miércoles, 30 de noviembre de 2011

Hombre con ruido

Se monta en el P-C con un celular que reproduce música. No lleva audífonos, así que la música es para todos. Él se complace y cree que nos complace. O no cree nada, lo más seguro es que ni le importemos. Y así vamos media hora escuchando el concierto de un reguetonero. A todo volumen. Y nadie dice nada. Yo mismo no digo nada. Por fin se baja con su música, con su ruido, feliz y contento. Y casi todos respiramos aliviados...
Sin que movamos un dedo, los bárbaros nos están invandiendo.

martes, 29 de noviembre de 2011

Regresar a Isabela

Ya les conté que estuve con Maykel en Isabela de Sagua, pero no les dije que caminando por aquellas calles desiertas pensé que quería vivir allí, en ese casi olvidado rincón de la isla, apaciblemente, sin más preocupaciones que las rutinarias de un existir tranquilo. Frente al mar, claro: a mí me gustaría vivir frente al mar. Es más, diré algo que quizás suene dramático: yo me quiero morir mirando el mar, sentado cómodamente en un asiento reclinable, escuchando el adagio del concierto para violín de Brahms. Dios mío, ¿podré morir así?
Yo quiero irme para Isabela con todos mis libros, con mi cámara fotográfica y mi música. Me bastaría una casita pequeña, con una terraza al océano donde recibiría a mis amigos y almorzaría pescado frito. Por las noches, quizás, escribiría. O sencillamente me quedaría tomando fresco en la terraza. Me cuentan que Isabela fue un puerto vivacísimo, pero a mí me gusta la tranquila decadencia de ahora mismo. Ayer Maykel publicó en su blog un post hermoso, en el que habla de un pescador de Isabela que no espera mucho más que poder cocinar su pescado y dormir en paz. A veces quiero ser ese pescador. Solo que no sé pescar y no creo que aprenda a hacerlo.

En la imagen: Pescador en Isabela. Foto: Maykel González Vivero

lunes, 28 de noviembre de 2011

Siéntate

Los jóvenes bailarines del Ballet Nacional de Cuba han lucido muy cómodos con el más reciente estreno mundial de la compañía: Siéntate, de la noruega Cina Espejord. Y el hecho de que se trate de un “lenguaje” que no bailan muy a menudo, nos da la idea de que están abiertos a una amplitud estilística que muy bien le viene a la agrupación. No es que sea especialmente transgresora, pero la obra “refresca” el repertorio. La acción se centra en la disyuntiva de sentarse o no, y está estructurada sobre dos tiempos distinguibles y complementarios: uno algo lento y hasta cierto punto dramático, y otro ostensiblemente más brillante y vertiginoso. En la transición, la coreógrafa se permite cierta ruptura que nos resulta prescindible, pero que de todas formas no atenta contra la unidad del espectáculo.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Teléfonos públicos

En esta ciudad no hay suficientes teléfonos públicos. Si uno ve alguno desocupado a plena luz del día, con casi absoluta seguridad estará roto. En esta ciudad hay demasiados teléfonos públicos rotos, mutilados, golpeados, sucios… Hubo un tiempo en que yo dependía de los teléfonos públicos: caminaba cuadras y más cuadras buscando uno para llamar a mi casa, a veces hacía colas de horas, para al final poder hablar solo tres o cuatro minutos… De pronto comenzaron a poner nuevos aparatos, unos teléfonos azules o grises como el de la foto, que en aquel momento nos parecían la mar de modernos. Durante algún tiempo, fue más fácil llamar. Pero pronto la falta de mantenimiento y, sobre todo, el maltrato de la gente, fue diezmando los nuevos equipos. Ahora la mayoría de ellos son prácticamente chatarra. Han instalado nuevos modelos, pero siguen siendo pocos… Ya está dicho: en esta ciudad no alcanzan los teléfonos públicos. No alcanzan tantas cosas… Así vamos.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Necesidad del cuerpo

De acuerdo, sigan pensando que el amor absolutamente platónico es el más puro, el más elevado… Sigan adorando una imagen, sin atreverse a profanarla con los dedos… Sigan poseyendo sin poseer físicamente, sueñen que tocan lo que no se permiten (o no pueden) tocar. Sigan creyendo que su cariño será eterno, porque no está maculado por los deseos carnales.
Yo tengo necesidad de abrazar, de acariciar y besar. Yo creo que el cuerpo es tan grande como la mente, por la sencilla razón de que sin cuerpo no hay mente. Aunque esté maltrecho, aunque sea viejo… nuestro cuerpo es nuestro templo.
A mí que me quieran... abrazándome.

martes, 22 de noviembre de 2011

Una amiga imaginaria

Annemarie Schwarzenbach fue “amiga imaginaria” de Carson McCullers. El término “amigo imaginario”, utilizado por el marido de McCullers, se refería a personas bien reales, a personas que incluso conocían de primera mano, pero que Carson idealizaba hasta el punto de vivir con ellas auténticos idilios, que muchas veces no iban más allá de su imaginación. Aquí y allá se habla de que Carson y Annemarie vivieron un romance, de que Carson estuvo toda su vida enamorada de la escritora suiza, incluso después de que ella muriera por un accidente mientras paseaba en bicicleta. Lo segundo es muy probablemente cierto, a Carson le impresionó la belleza de la suiza, su avasalladora personalidad… incluso se obsesionó con ella; llegó a dedicarle una de sus obras. Pero lo primero es muy pero muy poco probable, pues las dos, aunque mantuvieron cierta correspondencia, apenas se vieron. Carson McCullers era una mujer difícil, en parte por la intensidad abrumadora de sus sentimientos, en parte por los dolores físicos que sufrió toda su vida. Annemarie no sintió en carne propia los rigores de una existencia junto a ella. Siempre habitó un espacio mucho menos sombrío: los sueños de Carson, en los que siempre fue la mujer hermosa, inteligente y enigmática que un día la deslumbró.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Terapia

Esta mañana fui a reservar pasajes para Morón, a ver si dentro de dos semanas me voy a pasar unos días en mi casa. Pero cuando llegué a la agencia, había una cola de más de cuarenta personas esperando a recibir su ticket (eso sin contar las que ya tenían ticket, que eran otras tantas). Me deprimí, comencé a sentirme demasiado presionado. Me sucede siempre en estos meses en que la gente comienza a sacar sus pasajes para el fin de año. Regresé a la parada a tomar un taxi para el trabajo, pero no pasó ninguno vacío en media hora; así que tuve que subirme en un P-11 repleto. Empujado y apretado viajaba, cuando la señora que tenía delante comenzó a escribir en una agenda. Como ella estaba de espaldas, pude leer con toda tranquilidad lo que ponía. Era esta lista:
1.- Estoy alegre.
2.- Jehová es rey.
3.- Jehová es mi salvación.
4.- No tengo grandes problemas, si Jehová va conmigo.
5.- Jehová va conmigo, así que estoy alegre.
No parecía muy alegre, pero sí estaba serena en medio de tanto empuja-empuja. Desconozco las razones por las que la señora escribía esa lista justo en ese momento, se me ocurre que quizás le resulte una terapia muy efectiva en situaciones tensas. Desde su muy religioso punto de vista, tiene toda la razón: Jehová la acompañaba. Como también acompañaba al resto de los pasajeros, solo que ellos no se daban ni por enterados.

martes, 15 de noviembre de 2011

Felicia

Felicia Cortiñas murió el pasado viernes. Y es hoy que por fin me decido a escribir unas líneas sobre ella, unas líneas cortas, apenas unas oraciones que de ninguna manera van a hacerle justicia a una de las mujeres más valientes y buenas que he conocido. Una mujer que vivió intensamente, que viajó mucho, que amó con fuerza, que sufrió con integridad dolores y tragedias, que nunca dudó en acoger a sus amigos como si su familia fuera. Una mujer con un extraordinario sentido de la justicia, con una ética inviolable, con una tolerancia y desprejuicio ejemplares, con una disposición infinita al diálogo. Felicia fue siempre un soldado de un proceso que ayudó a construir, con sus virtudes y defectos —que ella reconocía—, al que se dedicó plenamente. Fue testigo y participante de momentos históricos, su anecdotario era singular y rico. Pero fue, por convicción, una mujer humilde, que nunca se preocupó demasiado por los reconocimientos.
Felicia Cortiñas fue mi amiga. En algún momento, incluso, se portó como lo hubiera hecho mi madre. Tengo tantas cosas que agradecerle, que ni siquiera se me ocurre enumerarlas. Debo decir —con mucho dolor— que nunca le agradecí como quizás mereciera. Ahora mismo siento que debí decirle más —aunque alguna que otra vez lo hice— que la quería sin peros. Confío en que, con su infinita bondad, ella siempre lo supiera.

viernes, 11 de noviembre de 2011

El día 11, del mes 11, del año 11

Pues sí, hoy es un día de capicúa perfecta. O casi perfecta, porque en realidad estamos en el año 2011, o sea, que para que llegue la absolutamente perfecta tendremos que esperar hasta el 2 (o el 22) de febrero del 2222, demasiado tiempo, diría yo. Pero en este siglo no tendremos una fecha como la de hoy, por lo que los supersticiosos, o los que creen en las energías universales, o los amantes de las curiosidades matemáticas, tienen algo para entretenerse, para esperanzarse, para preocuparse… Yo casi estoy seguro de que va a ser un día muy normal, al menos para mí. De hecho, estoy convencido de que el almanaque es pura convención humana, no creo que en el asunto hubiera ninguna intervención divina. Así que el hecho de que ahora se manifieste una capicúa es prácticamente casualidad… nada tiene que ver con la alineación de los astros. Pero a mí no me hagan mucho caso, creo que voy demasiado descreído por este mundo.

martes, 8 de noviembre de 2011

Frente al Narciso de Caravaggio

He estado unos minutos frente al Narciso de Caravaggio, que hasta finales de este mes se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes. Lo había visto antes, en fotografías y reproducciones, pero tenerlo delante es una experiencia muy distinta. Uno no puede acercarse demasiado, pero es posible ver detalles, las pinceladas con las que el pintor fue culminando su obra. Al final me emocioné, no por los valores de la pintura, sino por la cercanía al mismo lienzo que pintó el genio. Por eso fui a verla, más por interés antropológico que por pura apreciación estética. Más atractivas me resultaron las pinturas que completan la exposición, un conjunto sino especialmente representativo, al menos sugerente de las creaciones de alumnos, seguidores o imitadores de Caravaggio. Pero la “gran obra” es el Narciso, ese es el acontecimiento… Las demás pinturas son lujoso séquito.

En la imagen: Narciso, del pintor italiano Michelangelo Merisi da Caravaggio (Milán, 29 de septiembre de 1571 – Porto Ércole, 18 de julio de 1610).

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Festival de Teatro: Coincidencias

No se pronuncia ni una sola palabra en Coincidencias, del BläkPox Colective, de Finlandia. La puesta es, con toda intención, un sinsentido, un poema visual pletórico de significaciones, de metáforas más o menos diáfanas. Estamos ante una sucesión permanente de situaciones francamente surrealistas. Los actores, que por momentos no están a la vista del público, despliegan sus recursos expresivos para armar un discurso donde a veces parecen ser protagonistas y otras, “accesorio” teatral… Muy interesante.

martes, 1 de noviembre de 2011

Skakespeare, el impostor

Tan grande —en número y sobre todo en calidad— es la obra de William Shakespeare, que siempre han circulado opiniones de que su autor no puede ser ese hombre con tan pocos estudios y viajes. Algunos creen que Shakespeare se aprovechó del trabajo de varios escritores; otros creen que el verdadero creador es Edward de Vere, un cultísimo noble de la corte isabelina… De la manera en que William se apropió de esa gloria se han escrito hasta tratados. Ahora se ha estrenado en Londres una película que aviva la polémica: Anónimo, dirigida por Roland Emmerich. El Shakespeare que presenta es un pícaro casi analfabeto. Las asociaciones e instituciones “shakesperianas” han puesto el grito en el cielo y ya han organizado un programa reivindicativo. El director de la película está encantado: "No soy profesor, pero no puedo creer que alguien que casi no tenía educación pueda haber escrito algo como lo que dicen que escribió", dijo a la BBC. La mayoría de los mortales, que tampoco somos profesores, no tendremos mucho concreto que aportar a la discusión. ¿Será que alguien podrá presentar alguna vez pruebas irrefutables? Yo, por lo menos, tengo algo claro: alguien sin mucha escuela sí puede crear escuela. Ahí radica, en buena medida, la genialidad de algunos…

William Shakespeare (1564-1616), poeta y dramaturgo inglés.