
Esta mañana fui a reservar pasajes para Morón, a ver si dentro de dos semanas me voy a pasar unos días en mi casa. Pero cuando llegué a la agencia, había una cola de más de cuarenta personas esperando a recibir su ticket (eso sin contar las que ya tenían ticket, que eran otras tantas). Me deprimí, comencé a sentirme demasiado presionado. Me sucede siempre en estos meses en que la gente comienza a sacar sus pasajes para el fin de año. Regresé a la parada a tomar un taxi para el trabajo, pero no pasó ninguno vacío en media hora; así que tuve que subirme en un P-11 repleto. Empujado y apretado viajaba, cuando la señora que tenía delante comenzó a escribir en una agenda. Como ella estaba de espaldas, pude leer con toda tranquilidad lo que ponía. Era esta lista:
1.- Estoy alegre.
2.- Jehová es rey.
3.- Jehová es mi salvación.
4.- No tengo grandes problemas, si Jehová va conmigo.
5.- Jehová va conmigo, así que estoy alegre.
No parecía muy alegre, pero sí estaba serena en medio de tanto empuja-empuja. Desconozco las razones por las que la señora escribía esa lista justo en ese momento, se me ocurre que quizás le resulte una terapia muy efectiva en situaciones tensas. Desde su muy religioso punto de vista, tiene toda la razón: Jehová la acompañaba. Como también acompañaba al resto de los pasajeros, solo que ellos no se daban ni por enterados.