IUna mujer (treinta y pocos años, pesquero de mezclilla, blusa de tirantes, pañuelo con la bandera americana en la cabeza) a otra:
“Me dijo: ‘Vamos a casa de mis padres, para ver si conseguimos algo para la fiesta del niño’. Le dije que sí, porque me dio pena. Y entonces él me pidió que fingiéramos que todavía estábamos juntos. Me dio pena y le dije que sí, tú sabes que él ya está muy feo y muy viejo, le podía hacer ese favor. Llegamos y su madre y su hermana me recibieron de lo más contentas, me preguntaron por el niño y me dijeron que ya era hora de que yo y él tuviéramos uno. Y yo fingiendo que todavía estaba con él. Llegó un momento en que lo fingí tanto, que casi me lo creí. Cuando llegamos a la casa le dije: ‘Mira, mi amor, a mí no me vas a ver más el pelo; si voy a fingir que tengo un marido, me busco uno que esté más lindo y más joven que tú, así que ¡chao!’ No ves que una por buena termina embarcándose…”
II
Una niña de cinco o seis años a su madre:
“Mami, yo creo que esta guagua se va romper por el medio. Mira el traqueteo que tiene. Y mira la grieta que hay en el piso. Si se rompe la guagua, va a ser una verdadera debacle”.
OPINO QUE ESA MUJER ES UNA BRUJA, Y ESA NIÑA TIENE TREMENDO VOCABULARIO. FELIX
ResponderSuprimirYuris: Eres un gran cazador de historias. Esa gente, esas anécdotas, existen en nuestras calles, solo que pocos alcanzamos a capturarlas.
ResponderSuprimir