lunes, 20 de febrero de 2012

Autógrafo

Tengo pocos libros dedicados por el autor porque siempre me ha parecido que una dedicatoria tiene que ser algo bien personal. No concibo que alguien que no me conozca, que ni siquiera sepa mi nombre, me lo prengunte y estampe en mi ejemplar una frase cariñosa. Me parece falso, no sé. A lo mejor es una tontería, debe de serlo. Lo cierto es que si me hubiera dado por eso, hasta firmas de galardonados con el premio Nobel tuviera en mi librero. La semana pasada, sin embargo, mi muy admirado Sergio Pitol quiso firmarme un ejemplar de su libro El viaje (que por cierto, ya leí de punta a cabo, si lo encuentran, cómprenlo sin vacilar). Nos cruzamos en el pasillo de la sala de presentación y él pensó que yo buscaba su autógrafo. Muy amablemente me pidió que lo acompañara hasta la mesa, y ahí escribió lo que leen arriba. Se lo agradecí y me miró sonriente. Me dijo: gracias a ti. Al poco rato ya tenía una cola de personas delante.

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