miércoles, 30 de mayo de 2012

¡Ciego campeón!

He estado pensando que el deporte es, salvando las mil distancias, un sucedáneo de las guerras. Pocos logros científicos, culturales, sociales, económicos repercuten tanto en el orgullo del lugareño como el triunfo de su equipo. Es que, a diferencia de las demás realizaciones, un triunfo en el deporte es siempre a costa de la derrota del otro. Como en la guerra. No nos abandona ese espíritu de rivalidad, de competencia, de identificación con un grupo en oposición a otro. La verdadera civilización, creo, es canalizar todos esos sentimientos, sin que nos cuesten una gota de sangre. ¿Por qué me puse tan contento con la victoria del equipo de pelota de Ciego de Ávila en este campeonato? ¿Qué más me daba? Lo cierto es que el último juego lo sufrí y lo gocé tremendamente, terminé con dolor en el pecho. Total, la victoria de un equipo no hace grandes aportes materiales a un territorio. Pero qué bien se siente ser campeón. Como si uno mismo hubiera jugado…

En la foto de Cubadebate, el equipo celebra.

1 comentario:

  1. Ahora es tu faeta de cronista deportivo. Roy, aquel amigo, siempre me decía que el deporte es la guerra y no la paz. Pero ciertamente como se disfruta y más cuando uno es el campeón, o sea, el equipo.

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