domingo, 15 de julio de 2012

Longa Rita

Ese viaje creativo de Rita Longa —viaje largo, pletórico de acontecimientos— nos dejó un patrimonio de extraordinarias significaciones: en muchas ciudades de Cuba hay obras suyas, emplazadas en parques, plazas, cementerios, iglesias, teatros, lugares históricos… Escultora pródiga, ella supo imprimirle a la piedra, el yeso, la madera, el bronce… la marca inconfundible de un estilo, de altísimo vuelo estético, de singular arraigo popular. ¿Fue Rita una artista de rupturas? Quizás. Transitó por las vanguardias con soltura. No obstante, siempre (o casi siempre) sus piezas complacieron por su prestancia y suavidad, por la diafanidad de sus líneas, por una elegante frialdad que a veces era solo el contén de un cúmulo de apasionadas sensaciones. Rita acarició la curva. Lo hizo, incluso, en sus obras más angulosas y erguidas, plenitud del art decó. Aunque en ocasiones no rehuyó del arabesco, fue escultora de esencias, de formas simples y de sosegada expresividad. Decoró —en el mejor sentido del término— residencias y lugares de recreo, pero también fue artista de decidida vocación social. 

A un siglo de su nacimiento, el Museo Nacional de Bellas Artes expone una muestra de sus esculturas, en la que se puede seguir su evolución creativa. Estará abierta hasta septiembre, en el edificio de Arte Cubano.
 
En la imagen: Cuba (maqueta para Fuente de las Antillas, 1965), yeso patinado, de la colección de la familia de la artista.

Publicado en Trabajadores

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