martes, 31 de enero de 2012

¿El arte? ¿El autor?

El financiero Pierre Lagrange pagó 12 millones de euros por este cuadro de Pollock, pintado en 1950. Se dice fácil: 12 millones de euros. La venta se hizo por intermedio de la Timothy Taylor Gallery, una muy prestigiosa institución del giro. Ahora Pierre Langrange ha demandado a todo el mundo porque el cuadro resultó ser falso. Mejor dicho: su autoría. Lo singular del caso es que todos los especialistas en arte que consultó le dieron el beneplácito en su momento. No había dudas: lo había pintado Pollock. El timo se descubrió tras un análisis forense que pidió el millonario, pues varias casas de subastas a las que llevó el cuadro dudaron de su autenticidad. La clave del engaño: una de las sustancias de la pintura fue patentada en 1962. Pollock murió en 1956. El escándalo estalló. Bien visto, lo escadaloso debería ser que alguien pagara 12 millones, no por los valores de un cuadro, si no por el valor en el mercado de su autor... Pero ahí hemos llegado, así vamos.

lunes, 30 de enero de 2012

martes, 24 de enero de 2012

Nancy

A Nancy Robinson la vimos Lester y yo a finales de diciembre, en el balcón de su apartamento. Nos vio pasar por la calle y nos saludó, tan alegre y tan cariñosa como siempre. Hablamos un momento, casi a gritos. Nos despedimos deseándonos lo mejor para este año.
Nancy Robinson murió en enero. Y me he puesto a recordarla en el periódico Trabajadores, cuando yo era un estudiante de periodismo en prácticas y ella me acogió con mucha ternura. Tardes completas pasábamos hablando de periodismo (asuntos formales, asuntos éticos… y también pura chismografía; Nancy era una narradora deliciosa, por momentos picante, tenía un extraordinario sentido del humor). Me dio consejos que todavía me sirven, que me servirán siempre. El más importante: “trabaja como si trabajar no fuera tu obligación, olvídate de los reconocimientos, busca únicamente acostarte satisfecho al final de la jornada”. Eso he tratado de hacer todos los días.
De Nancy Robinson Calvet solo recibí cosas buenas. Escribía de música y danza en el periódico, y cuando supo que me gustaba el ballet me dijo: “A partir de ahora, serás tú el cronista de espectáculos danzarios, ya yo estoy muy vieja para ir de teatro en teatro”. Claro que eso de sentirse vieja me lo decía en broma, una de las cosas que más le admiraba era su vitalidad, sus ganas de vivir. Lo había hecho para estimularme, por pura genorosidad.
El último día que Lester y yo vimos a Nancy Robinson, me encantó su imagen en el balcón. Era una foto preciosa. Quise hacerla, pero ella se iba a dar cuenta y me dio pena. La hubiera hecho, sería la mejor foto para estas líneas. Nancy Robinson miraba la calle sonriente. Parecía feliz.

Foto: Roberto Carlos Medina

domingo, 22 de enero de 2012

Un premio para Pancho

Al actor y director Pancho García (Cienfuegos, 1943) le otorgaron el Premio Nacional de Teatro en plena temporada de Aire frío, con la compañía Argos Teatro. Cuando terminó la función del domingo, salió de la sala de la compañía hasta el teatro Hubert de Blanck, donde tuvo lugar la ceremonia de entrega del galardón. A Pancho García lo quiere todo el mundo, es un hombre afable y simpático. Pero es, además, un excelente intérprete, que ha dado verdaderas lecciones en puestas clásicas de la escena cubana. En más de medio siglo de trabajo, ha integrado grupos esenciales: Teatro Estudio, la compañía Hubert de Blanck, Argos Teatro… siempre dando muestras de la solidez de su escuela. La lista de sus premios es demasiado grande; este que acaba de recibir es, de alguna forma, el resumen… Pero Pancho sigue trabajando, con la misma contundencia de siempre.

En la imagen, durante la representación de Aire frío, este fin de semana.

Publicado en Trabajadores

miércoles, 18 de enero de 2012

Carahatas

A Sabanita se podía llegar en guagua, pero yo prefería ir en carahata. La carahata (el carahata, dicen en algunos pueblos) es un coche motor de ferrocarril, algo así como un ómnibus sobre rieles. Desde Violeta salían tres rutas: una a Mamanantuabo (era la que pasaba por Sabanita, donde vivían mis abuelos), otra a Pesquería, y una tercera a Pina. Ahora solo queda una, que muy de cuando en cuando llega hasta Esmeralda, por la línea norte. Pero en mis años de infancia había varias salidas al día. El viaje demoraba más, era incluso más incómodo que por la carretera. Pero yo siempre he preferido los trenes, así que los fines de semana rogaba a mis padres que tomáramos la que salía a media mañana. Mi mamá casi nunca quería, pero mi papá siempre aceptaba. Hoy estuve hablando con M. de las carahatas, y nos pusimos a pensar en la etimología del término. ¿Tendrá algo que ver con el pueblo de Carahatas, al noroeste de Sagua la Grande? ¿Alguien sabe?

Foto: Radio Rebelde

lunes, 16 de enero de 2012

Galeano y lo breve

Eduardo Galeano dice tantas y cada cosas en tan pocas palabras, que la suya parece vocación de poeta japonés. Hoy mismo inauguró el premio Casa con un discurso que no pasó de los cinco minutos. Y sin embargo, dijo todo lo que debía decirse. Los textos de Galeano son la punta del iceberg.

En la foto: Galeano esta mañana, en Casa de las Américas.

Un poema (XV)

Algo va iluminando el contorno
de las cosas
trazando líneas
en el cristal oscuro
bordeando partículas de polvo
abriendo aguas
(es extraño el dibujo
es ignoto el paisaje)
una filigrana viva
que estrangula la noche
justo en las orillas del sueño.

viernes, 13 de enero de 2012

Escuchado hoy en el P-C

I
Una mujer (treinta y pocos años, pesquero de mezclilla, blusa de tirantes, pañuelo con la bandera americana en la cabeza) a otra:
“Me dijo: ‘Vamos a casa de mis padres, para ver si conseguimos algo para la fiesta del niño’. Le dije que sí, porque me dio pena. Y entonces él me pidió que fingiéramos que todavía estábamos juntos. Me dio pena y le dije que sí, tú sabes que él ya está muy feo y muy viejo, le podía hacer ese favor. Llegamos y su madre y su hermana me recibieron de lo más contentas, me preguntaron por el niño y me dijeron que ya era hora de que yo y él tuviéramos uno. Y yo fingiendo que todavía estaba con él. Llegó un momento en que lo fingí tanto, que casi me lo creí. Cuando llegamos a la casa le dije: ‘Mira, mi amor, a mí no me vas a ver más el pelo; si voy a fingir que tengo un marido, me busco uno que esté más lindo y más joven que tú, así que ¡chao!’ No ves que una por buena termina embarcándose…”

II
Una niña de cinco o seis años a su madre:
“Mami, yo creo que esta guagua se va romper por el medio. Mira el traqueteo que tiene. Y mira la grieta que hay en el piso. Si se rompe la guagua, va a ser una verdadera debacle”.

Un poema (XIV)

Soy el que queda
el que espera a ser llamado
soy el que vela el sueño
testigo de batallas mudas
soy
el que lame sus heridas
en lo más profundo del bosque
soy el que escuchó el canto
y no se atrevió a seguirlo
el que mira a través de un cristal
que no podrá romper
nunca.

miércoles, 11 de enero de 2012

Una pradera convida a Bonachea

Animales maravillosos, extrañas criaturas con rasgos humanos, paisajes ignotos… Vicente Bonachea presenta en la galería Imágenes del Gran Teatro de La Habana la exposición Una oscura pradera me convida, integrada por obras figurativas que trascienden la bidimensionalidad del cuadro. Y no solo porque estén incluidas algunas esculturas, sino porque en las mismas pinturas el artista añade elementos tridimensionales, que de alguna forma le otorgan nuevas significaciones a lo plasmado. Los seguidores del pintor encontrarán aquí las marcas de siempre, la misma poética: esa tendencia a la curva, a la figuración imaginativa. Aquí están sus personajes y también sus ámbitos. Pero se hace evidente, en unos cuadros más que en otros, el deseo de provocar, de proponer situaciones singulares.

En la foto: Vencedor de la muerte. 2011. Técnica mixta.
MAS FOTOS EN www.cubasi.cu

martes, 10 de enero de 2012

Tren nocturno

Siempre que voy a Violeta, el último tramo lo hago en tren, desde la terminal de Morón. Es la mejor parte del viaje, la más entrañable. Es el mismo tren de mi infancia, que ha vencido los años de crisis. El tren es casi una ruina. Los vagones van prácticamente a oscuras, faltan cristales en las ventanillas, huele a herrumbre... A esa hora va casi vacío. Hago el recorrido en silencio, mirando el paisaje dormido. Hay cierta magia en atravesar el campo oscuro, virgen hasta que el tren pasa. No se supone que estemos ahí, es una visión extraña. Empiezo a recordar otros viajes, rememoro épocas felices: yo, de niño, junto a mis padres, sobrecogido ante la sombría inmensidad del campo. Un día le pregunté a mi papá: ¿qué pasaría si el tren se rompe aquí mismo? Lo pensó un instante y me respondió sonriente: Veríamos amanecer en el campo; el sol saldría detrás de aquellas matas...

domingo, 8 de enero de 2012

Un poema (XIII)

Si me sentara aquí
y consiguiera que la ciudad se desvaneciera
creo que sería casi feliz
o mejor
estaría de verdad tranquilo
como quizás se esté en la muerte
pero con la certeza de que las cosas esperan.

viernes, 6 de enero de 2012

Gonzalo Rojas murió hace meses (y ahora es que me entero)

Dios mío, estuve al margen de todo, dos meses en casa, sin leer noticias, recuperándome de un accidente cerebral que por poco me lleva de este mundo, y nadie me contó (¿quién iba a contármelo?) que Gonzalo Rojas había muerto en Chile, se murió —triste coincidencia— a consecuencia de un accidente cerebral, quizás algo parecido al que yo tuve, se murió a los 93 años, edad casi bíblica (mi abuelo, que nunca supo de la existencia de Gonzalo Rojas, también murió a esa edad), se murió —ojalá esté vivito ahora en una estrella— y dejó en esta tierra esos poemas hermosos, qué patrimonio hemos heredado, qué manera de hablar sobre lo humano y lo divino —que como todos sabemos, es también lo humano, pero visto por los poetas—, qué delicioso desparpajo, que inusuales giros, qué imaginación, qué poeta, y qué hombre, se murió en abril, mientras yo me iba recuperando, sin salir de mi casa, ignorándolo casi todo, ignorando que en Chile se había muerto mi poeta preferido, hoy llegaré a la casa y lo leeré de nuevo…

Foto: Gonzalo Cruz (ABC)

martes, 3 de enero de 2012

Juana de Cuba

A Juana Bacallao le preguntaron una vez: “Juana, ¿cuál es su signo zodiacal?”. Lo pensó un instante y respondió: “¡Ostión!”. Esas son sus ocurrencias, por las que tanta gente la quiere. Juana Bacallao es personalidad y personaje. Una vez estaba en la mismísima calle 23, calzada con unas extravagantes botas con tacón y luciendo florida pamela. Todo el mundo tenía que ver con ella, y Juana, encantada de la vida. “El pueblo me reclama y yo vivo para el pueblo”, repetía una y otra vez. El desparpajo de Juana es nuestro delicioso patrimonio. Hasta sus incoherencias resultan a veces geniales. Juana Bacallao es una artista absoluta, y esa es, probablemente, una de las pocas cosas que ella misma tiene claro. Hace poco lo dijo en un programa: “El arte es el arte, de lo demás yo no sé nada”.